¿Qué son los planes de pensiones?
Funcionamiento y clasificación de los planes de pensiones
Planes de pensiones de renta fija
Los planes de pensiones de renta fija son, como su propio nombre indica, los que invierten en activos de este tipo, es decir, títulos de deuda emitidos por Estados o empresas. Aunque tradicionalmente se perciben como productos de riesgo moderado o bajo, su comportamiento real depende de la composición de su cartera.
Los planes que invierten a corto plazo y en emisores de alta calidad ofrecen mayor estabilidad, pero menor rentabilidad. Por el contrario, aquellos que apuestan por vencimientos a largo plazo o deuda privada (corporativa) buscan mayores retornos a cambio de asumir más riesgo. El rendimiento de estos planes está estrechamente ligado a la evolución de los tipos de interés (si los tipos suben, el valor de la renta fija existente cae) y al riesgo de crédito o impago de las entidades emisoras..
Planes de pensiones garantizados
Los planes de pensiones garantizados son también una opción con mínimo riesgo, muy adecuada para los perfiles de inversión más conservadores. En estos casos, las entidades gestoras ofrecen a los titulares la seguridad de que pueden recuperar un porcentaje de su inversión inicial, que puede ser el 100 %, siempre que el partícipe espere a fecha de vencimiento, que es cuando aplica la garantía. En el caso de que estas condiciones no se cumplan y se intente rescatar el plan antes de la fecha acordada, se pierde la garantía y el rescate se hace en función del valor liquidativo de las participaciones en ese momento, lo que puede ocasionar pérdidas si se trata de un valor inferior al del momento de la compra.
Normalmente, ofrecen un rendimiento adicional vinculado al comportamiento de activos como índices o cestas de valores (garantizados de rendimiento variable) o bien aseguran un interés o rentabilidad fija predeterminada que se sumará al capital inicial al llegar al vencimiento (garantizados de rendimiento fijo).
Ventajas e inconvenientes de los planes de pensiones conservadores
A este respecto, es muy importante tener en cuenta el ciclo de vida del ahorro para la jubilación en su fase de acumulación: es preciso empezar con antelación para asumir riesgos, y optar a mayor rentabilidad, cuando la jubilación está lejana, para poder compensar aquellos periodos en los que por prudencia hay que primar la seguridad y, por tanto, se van a obtener rentabilidades menores, en ocasiones inferiores a la inflación.
El principal inconveniente de mantener una cartera puramente conservadora en la recta final es la inflación. Si un plan ofrece un rendimiento muy bajo, el partícipe perderá poder adquisitivo año tras año; es decir, cuando rescate su dinero, podrá comprar menos cosas que hoy.
La recomendación clave: incluso estando en la última fase del ahorro y manteniendo un perfil conservador, hoy en día no es aconsejable refugiarse por completo en productos monetarios o de renta fija a corto plazo. Dada la situación de los tipos de interés, la estrategia más inteligente es seleccionar un producto con una cartera diversificada que incluya una pequeña exposición a la renta variable (por ejemplo, entre un 10% y un 25%).
Esta pequeña dosis de bolsa actúa como un "motor" para el plan: aporta el impulso necesario para intentar batir a la inflación y mantener el valor real de los ahorros, sin llegar a exponer el capital a grandes sobresaltos.