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Ahorrar es un objetivo que todos podemos tener más o menos en mente, lo que nos lleva a reservar una parte de nuestros ingresos para afrontar gastos futuros o imprevistos. Pero el dilema llega cuando, como comúnmente se dice, alguien “quiere poner a trabajar su dinero” e intentar construir patrimonio a largo plazo: esto es invertir.

Invertir significa separar una parte de los ahorros y colocarlos en productos e instrumentos financieros para obtener potenciales rendimientos y ganancias adicionales con el tiempo, a cambio de asumir cierto riesgo, ya que podría producirse una pérdida. Si bien invertir implica asumir riesgos como perder el capital invertido, también ofrece la oportunidad de incrementarlo. La realidad es que, a día de hoy, la inflación se come parte del valor real del dinero que se deposita en una cuenta de ahorro cada año, por lo que invertir puede ser una alternativa para quien busca poder obtener rendimiento a sus recursos.

Como hemos mencionado, invertir conlleva riesgos y los beneficios no están garantizados, ya que, por ejemplo, en caso de necesitarlo, existe la posibilidad de tener que rescatar la inversión antes de lo previsto y que el valor de la misma en ese momento sea menor que la inversión inicial. Por eso, antes de invertir, debemos conocer bien los riesgos del producto en el que queremos invertir, cuál es nuestra situación financiera y comprobar que tenemos ingresos suficientes para hacer frente a nuestros gastos fijos y variables, además de contar con un fondo de emergencia.

Entre los servicios que ofrece BBVA, se encuentran la gestión discrecional de carteras, el asesoramiento puntual o recurrente, o la ejecución de órdenes de compra y venta de valores de un cliente. Para los servicios de asesoramiento y gestión discrecional, BBVA lleva a cabo una evaluación de idoneidad en la que recopila información sobre el objetivo de inversión, la situación financiera, el nivel de tolerancia al riesgo, las preferencias de sostenibilidad y el horizonte temporal del cliente. Esto permite a BBVA establecer si este servicio es el que mejor se adapta al cliente.

Es esencial conocer tu perfil inversor. En BBVA existen 5 perfiles distintos, de menor a mayor riesgo (muy bajo, bajo, medio, alto y muy alto). Los perfiles de riesgo muy bajo y bajo suelen buscar instrumentos de muy bajo riesgo y alta seguridad, que darán rentabilidades más limitadas, como depósitos a plazo, bonos gubernamentales, fondos monetarios, etc., priorizando la preservación de su capital.

Por otra parte, los perfiles alto y muy alto suelen asumir niveles más altos de riesgo. Se invertirá en activos más volátiles como acciones, especialmente de empresas de pequeña capitalización, materias primas, o divisas, entre otros, ya que su objetivo principal sería obtener mayores ganancias potenciales. Finalmente, el perfil de riesgo medio suele situarse en un punto intermedio de los otros cuatro, combinando instrumentos de renta fija con cierta exposición a renta variable y otros activos de riesgo moderado, buscando como objetivo equilibrar seguridad y rentabilidad.

Cada uno de estos perfiles de riesgo no pierde de vista la máxima fundamental, que es la diversificación. Por ese motivo invierten, en función del perfil, en más o menos activos de renta fija o variables, sectores económicos, geográficos, etc.

Al diversificar tu cartera, se mitigan los riesgos, distribuyendo la inversión entre distintos activos, así si alguna inversión en particular tiene un mal desempeño, el impacto negativo se podría ver compensado por el resto de tus inversiones, ayudando a mitigar las potenciales pérdidas. Cuanto más diversificada esté una cartera, menor será por lo general su riesgo global.

Si el mercado de la bolsa nos resulta atrayente, debemos saber que se pueden comprar acciones directamente en el mercado bursátil, o bien a través de fondos de inversión. En ambos casos hay que tener en cuenta las comisiones: con las acciones tendríamos comisiones de compra, venta, y custodia. Y con los fondos hay comisiones de gestión, depósito, suscripción o reembolso, y otros gastos operativos que hay que conocer sobre cada operación. El detalle de estas comisiones se puede consultar en la documentación legal de cada fondo.

Los fondos cotizados o ETF también son una opción interesante, porque son vehículos de inversión colectiva de gestión pasiva que están entre los fondos de inversión y las acciones. Los primeros, tienen la ventaja de la diversificación de la inversión; las segundas, la liquidez de poder comprarse y venderse en bolsa durante la sesión.

Una vez asumido que no hay rentabilidades ni capital garantizados, lo lógico sería comenzar invirtiendo pequeñas cantidades mientras se va adquiriendo experiencia, en lugar de comprometer grandes sumas desde el inicio. También es recomendable informarse muy bien sobre cada producto antes de invertir. Para esto pueden resultar útiles algunas herramientas de BBVA, como el buscador de fondos, la selección de fondos destacados y su comparador avanzado, el servicio de asesoramiento en fondos de inversión o el servicio de Cartera BBVA Multiestrategia.

Por último, debería hacerse un seguimiento periódico de la evolución de las inversiones, al menos trimestralmente. Esto permite detectar a tiempo desviaciones importantes y reajustar la estrategia o composición de la cartera en caso necesario. BBVA ofrece herramientas para poder hacer este seguimiento, como ‘Inversiones’. La formación, la disciplina y la paciencia son virtudes clave para cualquier inversor.