Funciona y ya no está tan caro
Funciona y ya no está tan caro
27/04/2026
La divergencia que estamos viendo dentro de los mercados bursátiles globales es tan llamativa como reveladora. No estamos ante un mercado que sube o baja de forma uniforme, sino ante un mercado que empieza a fracturarse: la tecnología avanza con fuerza, mientras el resto de sectores acusa el impacto de la guerra de Irán.
Esta semana, el conflicto entrará en su tercer mes y el foco de los inversores sigue estando en la compleja situación geopolítica en Oriente Próximo y en la crisis energética que ha provocado. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha elevado el precio del petróleo, penalizando especialmente a regiones como Asia y Europa, más dependientes de las importaciones energéticas. El crecimiento se resiente, los indicadores adelantados se deterioran y el mercado empieza a asumir un escenario más exigente, con mayor presión inflacionista y menor dinamismo económico.
Pero, en paralelo, está ocurriendo algo muy distinto en el universo tecnológico. Desde la irrupción de ChatGPT allá por el año 2022, la narrativa dominante ha sido la del enorme potencial de la inteligencia artificial. Se hablaba de una revolución comparable a la electrificación, al ferrocarril o a internet y la euforia en torno al potencial de la tecnología era enorme. Sin embargo, lo que estamos viendo ahora es cualitativamente diferente: estamos pasando de la promesa a la realidad, de la narrativa a la ejecución.
Los datos empiezan a confirmarlo. En el conjunto del S&P 500, el porcentaje de compañías que reportan beneficios tangibles derivados de la IA se ha duplicado en apenas un año, pasando del 13% al 25%. Entre las empresas más avanzadas en adopción, ese porcentaje alcanza ya el 37%. Esto implica que la inteligencia artificial deja de ser una historia de futuro para convertirse en un motor real de creación de valor en el presente.
Además, ese valor no es abstracto. Se materializa en lo que realmente importa en mercado: más ingresos, menores costes y mayor productividad.
Este cambio tiene implicaciones directas. En primer lugar, valida el modelo de negocio de los gigantes tecnológicos, que había sido cuestionado recientemente por sus elevados niveles de inversión en centros de datos. La evidencia apunta a que la demanda de capacidad de cómputo no es especulativa: a medida que aumenta la adopción de la IA, crece la demanda de servicios en la nube, lo que refuerza la visibilidad de ingresos en toda la cadena de valor.
En segundo lugar, explica por qué el dinero vuelve al sector. En un entorno macro más incierto, con crecimiento bajo presión y mayor volatilidad, los inversores buscan activos con crecimiento estructural. Y hoy, ese crecimiento está claramente concentrado en tecnología.
Y en tercer lugar, introduce un elemento nuevo que no estaba presente en fases anteriores del ciclo: la normalización de las valoraciones. Tras la corrección de marzo, el PER con beneficios esperados a 12 meses del sector tecnológico del S&P 500 se situó en torno a 20 veces, prácticamente en línea con el conjunto del índice por primera vez desde la pandemia. Es decir, el mercado ha pasado de tener tecnología cara y cuestionada a tener tecnología con crecimiento validado y valoraciones razonables.
Mientras tanto, el resto del mercado sigue condicionado por factores mucho más cíclicos: el encarecimiento de la energía, el repunte de la inflación y el deterioro de las expectativas de crecimiento.
El resultado es un mercado cada vez más concentrado, que recuerda a las dinámicas de 2024 y 2025 y se aleja de la mayor amplitud que vimos a comienzos de año. Esto tiene una doble lectura: por un lado, existe un motor de crecimiento claro, visible y cada vez más tangible; por otro, aumenta la fragilidad del conjunto, porque el comportamiento del mercado depende en mayor medida de un número reducido de compañías.
Llegados a este punto, la pregunta clave es si queda recorrido en este movimiento alcista. Y la respuesta es que, para seguir subiendo desde estos niveles, necesitamos nuevos catalizadores, que solo pueden venir de dos frentes. O bien una mejora clara en la situación geopolítica, o bien que los resultados de los grandes gigantes tecnológicos esta semana refuercen, una vez más, la narrativa de monetización real de la inteligencia artificial.