Contra todo y contra todos

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA.
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23/02/2026

Contra todo y contra todos

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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23/02/2026

La semana pasada volvió a recordarnos que, en 2026, invertir no es un ejercicio puramente económico. Es, cada vez más, un ejercicio político y geopolítico.

El contexto macroeconómico global, si lo miramos con frialdad, invita al optimismo. La economía estadounidense sigue creciendo, aunque a un ritmo más moderado tras el fuerte impulso del verano pasado. El PIB del cuarto trimestre se desaceleró, pero en gran medida por el impacto puntual del cierre del gobierno federal. La demanda privada mantiene un tono razonablemente sólido. La inversión empresarial continúa apoyada en la inteligencia artificial y el consumo muestra señales de enfriamiento, pero no de ruptura.

En Europa, el crecimiento sigue siendo modesto, pero estable. Los PMI de febrero confirmaron expansión, Alemania empieza a mostrar signos de mejora en el frente industrial y España continúa destacando en dinamismo relativo, aunque normalizando el ritmo. El Reino Unido sorprendió positivamente con sus ventas minoristas, y Japón avanza lentamente, con apoyo fiscal y salarial.

Si aisláramos las variables macro, el diagnóstico sería constructivo: actividad económica sólida, inflación que se modera con fricciones puntuales y bancos centrales recortando tipos de forma gradual. Un entorno, en suma, muy propicio para que los activos financieros avancen sin grandes sobresaltos.

Y, sin embargo, la semana estuvo marcada por un episodio institucional de gran calado: el Tribunal Supremo de Estados Unidos limitó la capacidad del presidente para utilizar poderes de emergencia como base para imponer aranceles generalizados. En respuesta, la administración Trump anunció un arancel global del 10% como medida transitoria… y lo elevó apenas un día después al 15%.

Más allá de la volatilidad en el estilo de comunicación del presidente estadounidense, a la que no terminamos de acostumbrarnos, el mensaje fundamental es que el proteccionismo no retrocede. Se reconfigura. Cambia el instrumento jurídico, pero no la dirección estratégica. La política comercial estadounidense vuelve a introducir un grado elevado de incertidumbre regulatoria, justo cuando las empresas empezaban a adaptarse a un nuevo marco.

A eso se suma la escalada de tensiones militares con Irán, que ya han impulsado el precio del petróleo, y el debate sobre la independencia de la Reserva Federal tras el nombramiento de un nuevo presidente que genera dudas sobre las políticas monetarias que impulsará. El resultado es que, a pesar de contar con fundamentales razonablemente constructivos, tenemos que convivir con primas de riesgo persistentemente elevadas.

Los mercados lo reflejan con claridad. Los índices se mantienen cerca de máximos, pero con episodios recurrentes de volatilidad interna. Las rotaciones sectoriales se aceleran y la dispersión aumenta.

Y, sin embargo, incluso en este entorno de ruido político constante, seguimos defendiendo una visión constructiva sobre los activos de riesgo. Y lo hacemos porque el crecimiento global no se está desacelerando de forma significativa. Porque la inversión tecnológica está generando un ciclo de productividad real. Porque el mercado laboral en las principales economías desarrolladas continúa mostrando resiliencia. Porque los beneficios empresariales son robustos y, en definitiva, porque no estamos ante un colapso de la demanda, sino ante fricciones regulatorias y políticas que actúan como “palos en las ruedas” de un mercado que, por fundamentales, debería transitar un año relativamente plácido.

En definitiva, mantener una sobreponderación en activos de riesgo sigue siendo coherente con los fundamentales actuales. Pero hacerlo sin una diversificación real sería imprudente. En un entorno donde las decisiones políticas pueden alterar el tono del mercado en cuestión de horas, la diversificación entre geografías, sectores y clases de activo no es una recomendación académica; es una necesidad operativa.

2026 no será un año lineal. Será un año repleto de episodios de volatilidad. De titulares disruptivos. De correcciones tácticas y de oportunidades para quienes mantengan la disciplina y la perspectiva. Contra todo y contra todos, el mercado seguirá avanzando mientras los fundamentos sostengan la estructura.