Más allá de la guerra: los otros riesgos que vigilan los mercados

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA.
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16/03/2026

Más allá de la guerra: los otros riesgos que vigilan los mercados

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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16/03/2026

En las últimas semanas el mercado ha empezado a prestar más atención a otro foco de riesgo potencial: el crédito privado. Titulares recientes y comentarios de algunos analistas han puesto el foco en este segmento del sistema financiero, alimentando cierta inquietud entre los inversores sobre si el rápido crecimiento del sector podría esconder vulnerabilidades similares a las que precedieron a crisis financieras pasadas. Sin embargo, una lectura más pausada sugiere que estamos más ante una crisis de confianza puntual que ante un problema estructural capaz de desencadenar un evento sistémico.

La primera razón de este cambio de percepción tiene que ver con el propio éxito del crédito privado en la última década. Tras la crisis financiera global de 2008, la regulación bancaria se endureció significativamente, limitando la capacidad de los bancos para asumir determinados riesgos en sus balances. Ese vacío fue ocupado progresivamente por fondos especializados que comenzaron a conceder financiación directa a empresas medianas. El resultado ha sido un crecimiento muy rápido del sector, que hoy gestiona cerca de dos billones de dólares a nivel global. Como ocurre con cualquier industria que crece con rapidez, el aumento de tamaño ha atraído un escrutinio cada vez mayor por parte de inversores y reguladores.

A ese crecimiento se suma un segundo factor: la opacidad relativa de este mercado. A diferencia de los bonos cotizados o del crédito bancario tradicional, muchas operaciones de crédito privado se negocian de forma bilateral y con menor transparencia pública sobre precios, valoraciones o niveles de apalancamiento. Esta característica no es necesariamente problemática —forma parte del propio diseño del mercado— pero sí genera inquietud cuando cambian las condiciones financieras o cuando se produce volatilidad en otros mercados. En entornos de incertidumbre, los inversores tienden a preocuparse más por aquello que conocen menos.

El tercer elemento que ha alimentado las dudas es la elevada exposición del sector a determinados segmentos empresariales que hoy están bajo presión, en particular el software y algunas compañías de servicios profesionales. El auge de la inteligencia artificial ha generado preguntas sobre la sostenibilidad de ciertos modelos de negocio. Algunos analistas han llegado a sugerir que el ratio de impagos en el crédito privado podría duplicarse en los próximos trimestres si se produce una disrupción tecnológica significativa. Sin embargo, por ahora no existen evidencias sólidas de que este escenario sea inevitable. La adopción de la inteligencia artificial está siendo gradual y muchas empresas del sector tecnológico están incorporando estas herramientas en sus propios modelos de negocio para mejorar productividad, reducir costes y reforzar su posición competitiva.

Otro factor que ha contribuido a los titulares recientes es el uso de mecanismos de limitación de reembolsos en algunos vehículos de inversión. Estos mecanismos han sido diseñados precisamente para proteger a los inversores en un mercado estructuralmente ilíquido: evitan que una ola de retiradas obligue a vender activos de forma precipitada. Sin embargo, para los inversores menos familiarizados con esta dinámica, especialmente en el segmento minorista, la activación de estos límites puede interpretarse como una señal de estrés, cuando en realidad forma parte del funcionamiento normal de este tipo de vehículos.

A pesar de estas fuentes de inquietud, la mayoría de análisis coinciden en que el crédito privado no presenta las características que normalmente preceden a una crisis sistémica. En primer lugar, el crecimiento del sector no ha ido acompañado de un aumento descontrolado del endeudamiento agregado de la economía. En muchos casos lo que ha ocurrido es simplemente un cambio en el intermediario: préstamos que antes concedían los bancos ahora los conceden fondos especializados, pero el volumen total de crédito no se ha disparado. De hecho, la deuda corporativa agregada como porcentaje del PIB ha descendido en los últimos años.

En segundo lugar, la exposición directa del sistema bancario a estos activos es limitada. A diferencia de lo ocurrido antes de 2008, los bancos no acumulan grandes cantidades de préstamos de alto riesgo en sus balances, lo que reduce considerablemente el potencial de contagio financiero. La exposición de los bancos es principalmente indirecta y está bien protegida mediante estructuras de financiación con garantías.

Por último, conviene recordar que el crédito privado cumple una función económica importante. Para muchas empresas, especialmente de tamaño medio, se ha convertido en una fuente de financiación alternativa cuando el crédito bancario resulta más restrictivo. Esta flexibilidad permite financiar proyectos de inversión, adquisiciones o expansión empresarial que de otro modo tendrían mayores dificultades para acceder al capital.

Desde la perspectiva del inversor, además, el crédito privado ofrece características que explican su atractivo creciente: ingresos relativamente estables, rentabilidades esperadas superiores a las de la deuda pública y una menor correlación con los mercados tradicionales. Estas propiedades lo han convertido en una herramienta valiosa dentro de carteras diversificadas.

En definitiva, el crédito privado se encuentra en una fase de mayor escrutinio tras años de expansión muy rápida. Existen riesgos reales relacionados con la opacidad, las dudas sobre la supervivencia de determinados modelos de negocio y la entrada de inversores poco acostumbrados a mercados estructuralmente ilíquidos. Pero el sistema no muestra señales de estrés sistémico comparable a las crisis financieras del pasado. Por otra parte, el papel económico del crédito —financiar la inversión empresarial y canalizar el ahorro hacia la economía real— permanece intacto.