Ha despegado un cohete en el mercado bursátil

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de análisis y estrategia de Banca Privada BBVA
Podcast Module
15/06/2026

Ha despegado un cohete en el mercado bursátil

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
00:00
05:31

15/06/2026

La salida a bolsa de SpaceX no ha sido simplemente la mayor OPV de la historia. Ha sido, probablemente, el acontecimiento más relevante para los mercados de capitales desde el inicio del ciclo de inversión masiva en inteligencia artificial. La compañía fundada por Elon Musk captó 75.000 millones de dólares a una valoración cercana a los 1,8 billones, pero la verdadera noticia no fue el tamaño de la operación, sino la magnitud de la demanda. Las órdenes superaron los 350.000 millones de dólares, casi cinco veces la oferta disponible, convirtiendo la operación en una de las más demandadas que se recuerdan en los mercados financieros.

El éxito de la colocación obliga a replantearse muchas de las categorías tradicionales de análisis. SpaceX no es una empresa aeroespacial convencional. Tampoco es únicamente una compañía de telecomunicaciones ni una empresa de inteligencia artificial. En realidad, combina elementos de las tres. Esta ambigüedad es precisamente una de las razones por las que su valoración genera tanto debate entre analistas e inversores.

El corazón económico de la compañía es hoy Starlink. La red de satélites se ha convertido en un negocio con ingresos recurrentes, elevadas barreras de entrada y una posición competitiva extraordinariamente difícil de replicar. Con miles de satélites en órbita y millones de usuarios repartidos por todo el mundo, Starlink está transformando la industria global de las telecomunicaciones y representa una amenaza creciente para operadores tradicionales. En la actualidad, Starlink es el verdadero negocio de SpaceX y la principal fuente de generación de flujo de caja.

Junto a esta actividad se mantiene el negocio original de lanzamientos espaciales, que sigue desempeñando un papel estratégico para Estados Unidos. Sin embargo, la gran apuesta de futuro se encuentra en la intersección entre la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica: los centros de datos orbitales. La idea de trasladar capacidad de computación al espacio permite el acceso prácticamente ilimitado a energía solar, ausencia de restricciones físicas de suelo y condiciones de refrigeración extraordinariamente favorables. El problema es que todavía se trata de una hipótesis de negocio cuya viabilidad comercial está por demostrar.

Precisamente aquí reside una de las principales discusiones sobre la valoración de la compañía. Medida como empresa espacial, SpaceX parece extremadamente cara. Medida como una plataforma global de telecomunicaciones, la valoración resulta mucho más razonable. Y analizada como una futura infraestructura crítica para la inteligencia artificial, algunos inversores consideran incluso que podría estar infravalorada. Esta dispersión de interpretaciones explica las enormes diferencias existentes entre las valoraciones de los distintos analistas y la dificultad de establecer un precio objetivo consensuado.

Más allá de la propia compañía, la operación ofrece una valiosa lectura sobre el estado actual de los mercados. La capacidad de atraer más de 350.000 millones de dólares de demanda en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, inflación elevada y tipos de interés restrictivos demuestra que el apetito por el riesgo sigue siendo extraordinariamente sólido. Lejos de reflejar agotamiento, el mercado continúa dispuesto a financiar proyectos de enorme escala vinculados a la inteligencia artificial y a las infraestructuras del futuro. La participación de fondos soberanos de Oriente Medio, grandes gestoras globales y numerosos inversores institucionales confirma que no se trata simplemente de un fenómeno especulativo minorista, sino de una auténtica reasignación global de capital.

La sesión del viernes sirvió para reforzar aún más esta lectura positiva. En su primer día completo de negociación, las acciones de SpaceX se dispararon un 19%, confirmando el enorme interés inversor que ya se había observado durante el proceso de colocación. El debut bursátil se produjo además en un entorno especialmente favorable para los activos de riesgo, impulsado por las crecientes expectativas de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y por la consiguiente caída del precio del petróleo. La combinación de alivio geopolítico, menores expectativas de inflación y entusiasmo por la inteligencia artificial creó un contexto ideal para que la compañía protagonizara una de las salidas a bolsa más exitosas de la historia reciente.

La principal incógnita para los próximos años será determinar si la compañía es capaz de convertir la extraordinaria confianza que hoy le otorgan los mercados en una plataforma tecnológica con posiciones de liderazgo simultáneas en el sector espacial, las telecomunicaciones y la infraestructura global de inteligencia artificial. Si lo logra, esta salida a bolsa será recordada como el nacimiento de una nueva categoría de empresa. Si no lo consigue, pasará a la historia como uno de los episodios más espectaculares de entusiasmo inversor de nuestra generación. El mercado ya ha emitido su veredicto inicial. Ahora es SpaceX quien debe demostrar que puede estar a la altura de las expectativas.