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Blanca Portillo

Actriz

"Si privamos a los niños del arte y la cultura, ¿qué mundo van a construir?".

Puedes ver el vídeo completo aquí.

Muchos países tienen el teatro como asignatura obligatoria. Yo creo que es una cosa que todo el mundo debería hacer alguna vez en la vida. Pero en la infancia, con los críos, es un momento difícil porque no tienen herramientas para moverse en la vida. Yo he dado clases a niños y a niñas. Les faltan herramientas. Y hay muchos pudores, es un momento en el que se enfrentan a lo exterior cuando tienen su mundo en casa, más o menos cómodo. El teatro te permite, primero, entrar en contacto con los otros de forma sincera. Esto es una cosa curiosa de matizar. Cuando tú estás en el cole, tú compartes lo que se puede compartir en el colegio. Pero cuando estás haciendo teatro, lo primero que tienes que compartir es miedo, emoción. Vas a trabajar con tus emociones, con tu sentido del ridículo. A perder el sentido del ridículo.

El derecho al error, las enseñanzas teatrales te lo permiten constantemente. De hecho, la base del teatro es la equivocación. Para aprender hay que equivocarse para poder hacerlo bien, el error, acierto, error, investigar cómo poder hacerlo mejor. Con lo cual, se les abre la cabeza, se les quita el miedo. Yo recuerdo que, dando clases, había un niño que era, digamos, el malote del grupo. Había un chavalín que era como el más gallito de todos. Los otros le tenían un cierto miedo. Cuando él soltaba una broma, todos se reían. Entonces, yo decidí darle el personaje más serio, el más sensible, el que estaba más triste. Y descubrió, dentro de él, que eso no solamente le hacía no perder autoridad dentro de sus compañeros, sino que les mostraba a los demás una faceta que no sabía que tenía, y que hacía que los demás le quisieran de verdad, o le admiraran de verdad. Porque el chaval se lo tomó muy en serio y empezó a trabajar con mucha dedicación. Con lo cual, empezó a ser líder de otra manera, de una manera mucho más honesta, porque lloraba, porque era capaz de llorar delante de sus amigos. Y eso fue como una carambola, eso fue pasando a los demás. Bueno, en aquella ocasión, yo tuve un problema con los profesores porque los niños quisieron dejar de dar todo tipo de clases, de cualquier otra actividad, porque solamente querían dar las clases de teatro. Les abre muchísimos caminos, sobre todo en la mente. Y en su forma de relacionarse con los otros, y perder el pudor.

"Ante el miedo a hablar en público es bueno saber que no pasa nada si te equivocas o te quedas en blanco"

Hacemos muchísimas cosas, o dejamos de hacerlas, porque nos da vergüenza, porque nos da pudor. “Yo no voy a poder hacer esto”. ¿Por qué no? Hicimos El sueño de una noche de verano de Shakespeare. Inevitablemente, empiezas a hablar de mitología, a hablar de Shakespeare como autor, no solamente teatral, empiezas a hablar de su época. Con lo cual, empiezan a aprender un montón de cosas colaterales que tienen que ver con la enseñanza general, pero que las ven a través de ellos, a través de su propio cuerpo. Y se les despierta la curiosidad de una manera increíble. Y luego empiezan a aprender que, sin el otro, tú no eres nada, y eso también es importante. No se trata de ser el mejor, se trata de ser un buen eslabón fuerte dentro de una cadena fuerte. Y se forma un equipo, se forma un grupo donde todos ayudan a todos, y se eliminan rivalidades.

En el 99% de las ocasiones un actor no habla con su propia voz, habla a través de un personaje. Con lo cual, yo sé lo que tengo que decir, ya me lo he aprendido. Y no lo digo yo, lo dice ella o él. Eso te quita la mitad del problema. Yo entiendo que hablar es cuando me enfrento a una serie de personas que me están mirando y no tengo un guion escrito, no sé lo que voy a decir, y soy yo hablando. Esta vez soy yo, no es un personaje. Lo primero que creo que uno tiene que asumir cuando va a hablar en público es que pone nervioso. Ninguno queremos hacer el ridículo. Una cosa es que tengas costumbre de hacerlo y otra cosa es que no dé miedo. Da miedo siempre, y esto es una cosa que a mí me parece que hay que asumir. Por otro lado, es bueno saber que no pasa nada si te equivocas, que no pasa nada si te quedas en blanco. Nadie se va a morir. El único riesgo es tu propio miedo a hacer el tonto o a hacer el ridículo, el nivel que tú te pones a ti mismo, el listón. Creo que hay una cosa que a veces nos cuesta también pensar cuando hablamos en público, y es que la gente que está ahí está dispuesta a escuchar.

Uno de los grandes retos de hablar en público es conseguir la atención. Captar. Y la única manera de captar la atención es dar. Dar. Es un acto de generosidad. Y eso se nota mucho en los políticos. ¿No lo habéis notado, cuando un político no habla para nosotros? Hace así, mete la mirada hacia adentro y está hablando para él o para una masa.

Hablar en público es un acto de generosidad. “Tengo algo para daros”. Y a partir de ese momento, la gente se viene contigo. A no ser que digas una sandez. O una cosa a destiempo. Creemos que hablar en público es una cosa de un señor o una señora frente a otros que no existen o que son una masa. No, son individuos, uno y otros unos, y que tienen su interés. Cuando dejas de pensar en eso empiezas a comunicarte con el otro, a respirar y a ser un ser humano más que tiene algo que compartir, nada más. Es bonito, ¿eh? Porque si lo ves desde ahí se te quita parte del miedo.

Biografía
Licenciada por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza, Blanca Portillo es actriz, directora y productora. Ganó el Premio Nacional de Teatro en 2012 y también tiene un Max a la mejor dirección de escena por la obra ‘La avería’. Además, es muy conocida por haber interpretado diferentes papeles tanto en cine, como en televisión.