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La corrección tecnológica: ¿el principio del fin de la inteligencia artificial?

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de estrategias de inversión Private Banking España
Podcast Module
03/11/2026

La corrección tecnológica: ¿el principio del fin de la inteligencia artificial?

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia en Private Banking, nos trae el análisis económico de la semana.
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03/11/2026

La fuerte corrección de las compañías tecnológicas en octubre ha reabierto el debate sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Las caídas de algunos gigantes tecnológicos estadounidenses y de los principales fabricantes de semiconductores han alimentado el temor a que el mercado esté anticipando el agotamiento de una de las grandes tendencias de crecimiento de los últimos años.

Durante la última semana, la corrección ha sido especialmente intensa en las compañías más vinculadas a la infraestructura tecnológica. Alphabet perdió alrededor de medio billón de dólares de capitalización en una sola sesión, Intel retrocedió un 28% tras presentar unas previsiones decepcionantes y el conjunto del sector de semiconductores sufrió pérdidas próximas al billón de dólares. Pese a ello, el S&P 500 se mantiene a un 3% de sus máximos históricos, mientras que su versión equiponderada registró ganancias semanales. Esta divergencia revela que los inversores no están abandonando la renta variable, sino reduciendo su exposición a las compañías tecnológicas para desplazarse hacia otros sectores.Uno de los aspectos más llamativos del ajuste es el cambio radical en la interpretación de las inversiones en inteligencia artificial. Hace apenas seis meses, los extraordinarios presupuestos de las grandes tecnológicas eran recibidos como una demostración de la fortaleza de la demanda. Hoy, con cifras prácticamente idénticas, esas inversiones se presentan como una amenaza para la rentabilidad de las empresas.

Esta dinámica coloca a los gigantes tecnológicos ante un callejón sin salida. Si mantienen sus inversiones, los inversores cuestionan su capacidad para rentabilizarlas adecuadamente. Pero si anunciasen recortes significativos, probablemente serían penalizadas con mayor intensidad por estar señalando una desaceleración de la demanda. La semana pasada, tuvimos un buen ejemplo de ello: la acción de Tesla fue castigada por anunciar menores inversiones, mientras que Alphabet se desplomó por aumentarlas. Esta contradicción refleja un cambio en la confianza de los inversores: después de varios años de fuertes subidas bursátiles, muchos prefieren reducir su exposición al sector y encuentran argumentos para vender, independientemente de las decisiones que anuncien las compañías.

La comparación con el estallido de la burbuja tecnológica de 2000 resulta inevitable, aunque existen diferencias fundamentales. Entonces, las inversiones en redes de telecomunicaciones generaron una capacidad muy superior a la demanda efectiva, mientras numerosas compañías alcanzaban valoraciones extraordinarias sin disponer de modelos de negocio rentables. Actualmente, los principales proveedores de servicios en la nube describen una situación opuesta: la demanda supera ampliamente a la capacidad disponible.

Además, la corrección ha reducido significativamente las valoraciones de numerosas compañías tecnológicas. Algunos de los principales fabricantes asiáticos de semiconductores cotizan a múltiplos de beneficios extraordinariamente bajos, difíciles de asociar con los excesos especulativos que suelen caracterizar las fases finales de una burbuja.La historia ofrece precedentes de correcciones profundas que no supusieron el final de un ciclo tecnológico. En 1998, la crisis rusa y el colapso del fondo Long-Term Capital Management provocaron una caída del Nasdaq del 33%. Sin embargo, el índice avanzó un 86% el año siguiente. La diferencia entre una corrección puntual y el agotamiento de una tendencia estructural puede ser considerable, especialmente cuando los beneficios continúan creciendo y las valoraciones se ajustan.

Esto no significa que los riesgos asociados a la inteligencia artificial sean imaginarios. La principal incertidumbre reside en anticipar si la demanda futura de aplicaciones permitirá rentabilizar el extraordinario volumen de infraestructura que se está construyendo, algo que todavía resulta imposible determinar. Esta incertidumbre persistirá durante varios trimestres y probablemente provocará nuevos episodios de volatilidad, especialmente cuando aparezcan decepciones en resultados.

La cuestión decisiva es distinguir entre la incertidumbre sobre la rentabilidad futura de una transformación tecnológica y la evidencia de que esa transformación haya comenzado a fracasar. La primera es indiscutible; la segunda no está demostrada. Mientras persistan el crecimiento de los beneficios, las restricciones de capacidad y una demanda elevada, las correcciones pueden representar episodios de ajuste dentro de un ciclo expansivo prolongado.

El mercado tecnológico atraviesa, por tanto, una crisis de confianza sobre el retorno de las inversiones, más que una crisis de demanda. La sostenibilidad del ciclo dependerá finalmente de la capacidad de convertir el extraordinario gasto en infraestructura en ingresos, beneficios y generación de caja. Hasta que esa relación pueda evaluarse con mayor precisión, la incertidumbre estructural seguirá conviviendo con episodios recurrentes de pánico bursátil, sin que estos constituyan necesariamente el anuncio del final del mercado alcista.Gracias por acompañarnos en este análisis. Nos escuchamos muy pronto, en el próximo episodio.