José Antonio Luengo

Psicólogo y profesor

“Hay que intentar ir día a día. Tenemos que tratar de pensar en lo que vamos a hacer hoy y mañana. No pensar en dentro de 15 días o en dentro de 20 porque, si es así, se nos va a hacer muy largo”

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En Aprendemos Juntos “se ha hablado de temas relacionados con la educación o relacionados con la vida de las personas”. Y es en este segundo punto en el que nos detenemos, dada la situación que vivimos y el “reto tremendo” que esta supone,  “dramático incluso”. Por ello vamos a compartir una “serie de claves en relación a cómo vivir y convivir con esta crisis que estamos viviendo, para enfrentar y confrontar esta pandemia del coronavirus”.

Podríamos detenernos en cada uno de los 10 puntos que componen el decálogo pero, en su lugar, profundizaremos en 3 grandes ámbitos que nos ayudarán con el objetivo principal: “llevar bien la cuarentena”. En primer lugar, vamos a detenernos en todo lo relacionado “con los pensamientos, es decir, el ámbito de la cogniciones”. En concreto, en aquellos que se nos pasan por la cabeza: “porque no es lo mismo que pensemos que estamos en una situación horrorosa, que no nos la merecemos, que aquí se ha equivocado todo el mundo, que qué va a pasar” y esto nos lleve a discurrir “yo me quiero revelar ante esta situación”. No es lo mismo que pensemos eso que digamos: “Bueno, han podido pasar cosas que, a lo mejor no estaban bien, pero ahora: ¿cuál es nuestra responsabilidad?, ¿qué nos están pidiendo las autoridades sanitarias?” Nos piden que seamos responsables y nos quedemos en casa. Y en eso debemos pensar, en que “estamos haciendo lo correcto”, lo necesario para “vencer entre todos a este virus”. El tema de los pensamientos es “especialmente importante” en este momento de confinamiento. De ahí la necesidad de que “los comentemos y los transmitamos en una conversación las veces que sean necesarias” con todo aquel con el que nos comuniquemos, ya esté cerca o lejos.

Tras los pensamientos, entramos en el universo de las “emociones, de los sentimientos”. Y es que, en tiempos duros como son aquellos a los que nos enfrentamos, también es importante que despleguemos “nuestra mejor sonrisa, nuestra mayor y mejor amabilidad, nuestra afectividad, nuestro cariño y nuestra ternura”. Estos nos ayudarán a superarlo y nos permitirán entender a las personas que tenemos a nuestro lado. También es recomendable que “planifiquemos cómo vamos a respetar al otro, cómo le vamos a comprender”. Hacernos una foto mental de lo que le diremos si, en algún momento, se pone nervioso y necesita que le tranquilicemos, aun sabiendo con seguridad que “no arregla nada, sino más bien al contrario”. 

Para terminar, hemos de preponderar también “las rutinas y de los comportamientos”, dado que estar en estado de alarma, y con ello confinados en los domicilios, no significa que debamos parar. De hecho “tendremos que hacer cosas”. Para ello, y más si hay niños pequeños en el hogar “damos un consejo muy sencillo. Tanto si saben escribir como si son chicos de unos cuatro, cinco, seis, siete, ocho, diez años que, si no saben escribir, saben hablar, dialogar, tomar decisiones, digámosles que ellos van a ser los responsables de organizar la casa, de elegir la rutina que vamos a tener y las cosas vamos a hacer”. Desde los juegos a los menús de la comida o de la cena, les mostrará que pueden seguir activos a la vez que les permitirá seguir manteniendo un patrón cada día.

También es importante recalcar dos cosas más. La primera hace bueno el dicho de que las prisas nunca son buenas. En muchos casos, de hecho, producen un efecto contrario al deseado, haciendo que todo “se haga más largo de lo que ya es”. Lo mejor, como dice nuestro experto, es “intentar ir día a día. Tenemos que tratar de pensar en lo qué vamos a hacer hoy y mañana. No pensar en dentro de 15 días o en dentro de 20 porque, si es así, se nos va a hacer muy largo”. Como bien nos comenta también “yo no soy muy partidario, por ejemplo, de que se ponga un calendario y se vayan tachando los días, porque permanentemente se van a ver la cantidad de días que quedan”. La segunda se relaciona con la resolución de la “ansiedad y a los conflictos, que seguro, van a surgir en el confinamiento”. La primera, y detonante de la segunda, genera “un estado de inquietud e incertidumbre que se generaliza y que acaba produciendo una sensación de agobio, ya que parece que te han encapsulado en un sitio y no puedes hacer nada. Una sensación casi de ahogo psicológico, y también a veces físico, que puede llegar a inundarte”.

"Los niños entienden poco o mal que no pueden salir a la calle, pero tenemos que explicárselo"

Por ello, es especialmente importante que nos “preparemos antes este terreno, que hablemos de qué vamos a hacer cuando nos encontremos esta situación”. Existen diversas opciones que nos van a ayudar a superar este estado de máxima angustia, desde “seleccionar esa música relajante que nos ayude a tranquilizarnos en estos momentos de tensión personal” a “salir a por un producto básico”. También es bueno ahondar en nuestra mente en busca de un momento especial de nuestra vida, como unas vacaciones, pararnos a pensar en la “gente que está a nuestro alrededor, o en las cosas que hacemos y en las que vamos a hacer dentro de mes y medio o dos meses” o, más íntimamente, “en los abrazos que me voy a dar con mis compañeros de trabajo cuando vuelva a verles o el beso que voy a dar a mis padres cuando pueda tener esa oportunidad”. En resumen, hemos de “buscar las posibilidades que tenemos para, sobre todo, cambiar nuestra mente y no entrar en bucle”. Y si no somos nosotros los afectados y sí la persona que tenemos a nuestro lado, como bien hemos comentado previamente, también hemos de saber como actuar, sobre todo siendo “pacientes”. Extender el uso de expresiones como “te entiendo, te comprendo, yo me pongo en tu lugar, pero no te quiero molestar, tranquilo, te dejo, te dejo solo, etc”. Es importante empatizar con el otro y para ello, como decimos, hay que estar preparados. 

La gestión de los más pequeños también es complicada, dado que ellos “entienden poco o mal que no pueden salir a la calle, pero tenemos que explicárselo. Tenemos que decirles que hay un virus”. Para ello, nuestro experto nos advierte que desde el Colegio de la Psicología han editado “un cuento sobre, precisamente, este fenómeno. En él se muestra cómo explicar a los niños esta circunstancia y cómo podemos convertirles casi en esos héroes que van a conseguir salvar la situación”. También son importantes tanto los mayores como conseguir una “complicidad entre hermanos”, además de tener “mucha, mucha paciencia y, sobre todo, darles responsabilidades, darles actividades”.  ¿El motivo de esto último? “Ellos se sienten bien cuando son importantes”. Y si llega un mal momento “en lugar de darles charlas y grandes conversaciones, sentarlos a un lado, abrazarles y buscar un cuento para poder cambiar de actividad mental, de pensamiento, de ideas”.

La información también es un factor determinante. Son tantas las fuentes desde la que poder actualizar los datos o los pasos a dar que, en ocasiones, no sabemos bien cuáles son ciertas y cuáles falsas. Por ello, a la pregunta ¿hay que informarse? se debe responder: “sí, pero lo justo”. No hemos de ser víctimas de la sobreinformación de la que no tenemos culpa. Tampoco lo medios, ya que “ellos están haciendo lo que tienen que hacer. Están informando y dando alternativas y opiniones, y sale mucha gente sensata hablando”. Algo que no deja de ser bueno pero que puede acabar generando “una suerte de estrés emocional. Hacer que el cerebro eche humo pensando simplemente que no hay alternativa, que esto va de mal en peor”. Todo se debe a que nuestra naturaleza tiende a concentrarse más “en la mala noticia que en la buena. Porque también nos están dando buenas informaciones en relación a la gente que se está curando. Pero son tantos los datos que nos hablan de cómo se incrementa la curva de afectados y de fallecidos que es lo que verdaderamente genera la ansiedad”. Para evitarlo no sirve aplicar el “ojos que no ven corazón que no siente, dado que los ojos tienen que ver y el corazón, sentir”. Eso sí, deben hacerlo “lo justo”. Por eso, es bueno “distraerte, buscar otros espacios de conocimiento, otro espacio de información que te permitan relajar y que te permitan vivir otras experiencias, tener otras ideas en la cabeza”.

Biografía
José Antonio Luengo es psicólogo, profesor, experto en acoso escolar y autor de ‘El Jardín de los abrazos’. En la actualidad forma parte de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, que ha puesto en marcha una red de psicólogos voluntarios que ofrecen asistencia virtual y apoyo psicológico a las familias que han perdido a un ser querido por COVID-19 y no han podido despedirse ni procesar el duelo.