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¿Se acabó el mundo del dinero barato?

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de análisis y estrategia de Banca Privada BBVA
Podcast Module
24/08/2026

¿Se acabó el mundo del dinero barato?

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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24/08/2026

Durante muchos años vivimos en un mundo en el que parecía sobrar dinero. Los gobiernos podían endeudarse a tipos extraordinariamente bajos, las empresas financiaban casi cualquier proyecto con facilidad y millones de familias llegaron a contratar hipotecas a tipos que hoy parecen difíciles de imaginar. En Europa incluso llegamos a convivir con tipos de interés negativos: prestar dinero a algunos gobiernos significaba aceptar que nos devolvieran menos de lo que habíamos entregado. Nos acostumbramos tanto a aquella situación que terminamos considerándola normal. Sin embargo, esa época ha llegado a su fin y cada vez resulta más claro que lo verdaderamente excepcional fueron aquellos años.

Una de las señales más obvias está apareciendo en los bonos soberanos a largo plazo. En Estados Unidos, la rentabilidad de la deuda pública a 30 años ha llegado a superar el 5,3%, niveles que no veíamos desde antes de la crisis financiera. También están aumentando los tipos de largo plazo en Alemania, Francia, España, Reino Unido o Japón. Y todo ello a pesar de que no es probable que los bancos centrales se embarquen en grandes subidas de tipos adicionales en los próximos meses.

¿Por qué están subiendo entonces los tipos de interés? Para entenderlo podemos imaginar una enorme subasta mundial del ahorro. Cada año, familias y empresas generan ahorro y buscan dónde colocarlo. Al otro lado están quienes necesitan ese dinero: gobiernos que financian sus presupuestos, familias que solicitan hipotecas y empresas que quieren construir fábricas, comprar maquinaria o desarrollar nuevos proyectos.

Durante buena parte de las últimas décadas había muchísimo ahorro buscando dónde invertirse. China, Japón y otras economías exportadoras acumulaban enormes excedentes. Al mismo tiempo, la globalización reducía las necesidades de inversión en muchas economías desarrolladas. Es decir, existía mucho capital disponible compitiendo por relativamente pocas oportunidades de inversión, una combinación que contribuyó decisivamente a mantener extraordinariamente bajos los tipos de interés.

El antiguo presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, acuñó el concepto de “exceso global de ahorro” para referirse a este gran excedente de fondos procedentes de economías emergentes y países exportadores de petróleo que inundó los mercados financieros internacionales durante las primeras décadas del siglo 21.

Sin embargo, esta situación ha cambiado por completo. En primer lugar, los gobiernos necesitan cantidades enormes de dinero adicional ya que operan con déficits fiscales muy elevados. Estados Unidos mantiene un déficit presupuestario en el entorno del 6% de su Producto Interior Bruto, mientras que Europa necesita financiar defensa, infraestructuras, transición energética y una mayor autonomía industrial. Alemania ha emprendido un enorme programa de inversión. Francia afronta importantes desequilibrios fiscales. Japón y Reino Unido también tienen grandes necesidades de financiación.

Pero los gobiernos ya no compiten únicamente entre ellos por nuestro ahorro. Las empresas están iniciando simultáneamente uno de los mayores ciclos de inversión de las últimas décadas. El ejemplo más evidente es la inteligencia artificial. Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y otras grandes compañías están gastando centenares de miles de millones de dólares en construir la infraestructura necesaria para desarrollar y utilizar la inteligencia artificial. Parte de esta inversión, por supuesto, se está financiando con deuda.

Añadamos la automatización industrial, nuevas fábricas de semiconductores, la relocalización de cadenas de suministro y el esfuerzo occidental por reducir su dependencia de China. Ahora, existe una cantidad extraordinaria de proyectos intentando captar capital simultáneamente.

¿Y qué sucede cuando aumenta enormemente el número de  gobiernos y empresas que optan al ahorro disponible? Pues, inevitablemente, que suben los tipos de interés. Hay además otra cuestión. No es lo mismo prestar nuestro dinero durante tres meses que durante treinta años. Si alguien nos pide 10.000 euros y promete devolvérnoslos dentro de tres meses, podemos tener una idea razonablemente buena de lo que ocurrirá hasta entonces. Pero si promete devolvérnoslos en 2056, la situación cambia. Durante treinta años puede haber inflación, guerras, crisis económicas, cambios políticos o simplemente oportunidades mejores para utilizar nuestro dinero.

Por tanto, exigiremos una compensación adicional por asumir toda esa incertidumbre. Los economistas la llaman prima de plazo, y esa prima está aumentando. La inflación también importa. Si prestamos durante treinta años al 4% y la inflación futura resulta ser del 2%, obtendremos una rentabilidad real razonable. Pero si termina siendo persistentemente del 3% o del 4%, el resultado será mucho menos atractivo. Y hoy existen más razones que hace una década para dudar sobre la inflación futura: tensiones geopolíticas, petróleo caro, mayor gasto militar, relocalización industrial y unas cadenas de suministro más redundantes y seguras, pero también más costosas. Todo esto explica por qué las subidas de tipos se están concentrando en los vencimientos a largo plazo.

En definitiva, los tipos bajos que disfrutamos durante los últimos años son ya cosa del pasado. Estamos entrando en un mundo con inflación algo más elevada, tipos reales positivos y mucha más competencia por el ahorro. Un mundo en el que el dinero vuelve a tener un precio significativo.

Y eso no tiene por qué ser necesariamente malo. Cuando el dinero era prácticamente gratuito, casi cualquier proyecto podía encontrar financiación. Cuando el capital vuelve a tener un coste, gobiernos, empresas e inversores tienen que elegir mejor.

El mercado vuelve entonces a desempeñar una de sus funciones más importantes: decidir qué proyectos merecen realmente ser financiados.