Los mercados resisten
Los mercados resisten
El mes de enero ha estado marcado por una acumulación extraordinaria de riesgos geopolíticos, comerciales y políticos. Tensiones entre Estados Unidos y Europa, episodios de coerción económica explícita, frentes abiertos en Venezuela, Irán o Groenlandia y un ruido fiscal y arancelario constante han dibujado un entorno de incertidumbre poco habitual. Lo relevante no ha sido un evento aislado, sino la superposición de todos ellos en un corto espacio de tiempo, reflejo de un cambio de régimen en el que la política interviene de forma cada vez más directa en la economía.
Y, sin embargo, los mercados han mostrado una resistencia sorprendente. Enero ha sido positivo para la renta variable y relativamente estable en renta fija. Esta aparente paradoja se explica porque los inversores han optado por mirar a través del ruido y anclarse en unos fundamentales que, por ahora, siguen siendo favorables: crecimiento que aguanta, inflación moderándose, bancos centrales prudentes y resultados empresariales sólidos. Este equilibrio ha reforzado una narrativa de Ricitos de Oro, en la que el mercado descuenta un escenario de crecimiento suficiente con inflación a la baja, capaz de sostener el apetito por activos de riesgo pese a los titulares inquietantes.
No obstante, esta resiliencia no es infinita. El mercado distingue entre ruido político y señal macroeconómica, pero cuando la incertidumbre deja de ser episódica y se vuelve estructural, puede acabar erosionando la confianza. La semana pasada ofreció una primera señal de alerta: mientras la renta variable y los bonos permanecían relativamente estables, la volatilidad estalló con fuerza en divisas y metales preciosos, activos especialmente sensibles a narrativas políticas y a posicionamientos extremos. La abrupta corrección tras la ruptura de consensos muy asentados —como la debilidad estructural del dólar o la búsqueda de refugio en metales— recordó que, cuando el consenso es excesivo y la liquidez escasa, los ajustes pueden ser rápidos y desordenados.
El mensaje final es claro. El buen comportamiento de los mercados no ha sido irracional y responde a unos fundamentos que, de momento, siguen acompañando. Pero tampoco debe interpretarse como una invitación a la complacencia. En un entorno dominado por shocks políticos frecuentes y cambios rápidos de narrativa, la clave no está en anticipar cada giro, sino en gestionar el riesgo con disciplina, mantener una diversificación real y asumir que la estabilidad actual no está garantizada.