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¿Cuáles son las diferencias entre las carteras gestionadas y los fondos de inversión?

Si se está pensando en invertir, es probable que se haya oído hablar tanto de las carteras gestionadas como de los fondos de inversión. Ambos permiten acceder a una gestión profesional y tienen un objetivo común: hacer crecer el patrimonio a largo plazo. 

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También presentan diferencias importantes en aspectos como la personalización, la forma de gestionar las inversiones, el nivel de acompañamiento, la flexibilidad o las comisiones. Conocerlas ayudará a elegir la alternativa que mejor se adapte a las necesidades y objetivos financieros que se tengan.

¿Qué es una cartera gestionada?

Una cartera gestionada (o servicio de gestión discrecional de carteras) es un mandato de inversión personalizado ofrecido por una entidad financiera. Al contratarlo, el inversor delega la gestión de su patrimonio en un equipo de profesionales especializados.

Una vez se analiza su perfil de riesgo, sus objetivos financieros y su horizonte temporal, los gestores construyen una cartera adaptada a sus necesidades, normalmente compuesta por fondos de inversión, y la ajustan cuando cambian las condiciones del mercado o las perspectivas económicas sin necesidad de solicitar autorización para cada operación.

A diferencia de un fondo de inversión, el inversor es titular directo de los fondos o activos que forman parte de su cartera.

¿Qué es un fondo de inversión?

Un fondo de inversión es un producto financiero colectivo en el que el patrimonio de numerosos inversores se agrupa para invertir de forma conjunta en una cartera diversificada de activos, como acciones, bonos o instrumentos monetarios.

La gestión corre a cargo de una sociedad gestora, que toma las decisiones de inversión siguiendo una política previamente definida. El inversor adquiere participaciones del fondo y su inversión evoluciona en función del valor liquidativo diario.

¿Cuáles son las principales diferencias entre las carteras gestionadas y los fondos de inversión?

Estas son las diferencias más destacadas entre una cartera gestionada y un fondo de inversión:

Personalización

Esta es, probablemente, la diferencia más importante entre una cartera gestionada y un fondo de inversión.

  • Las carteras gestionadas se adaptan a las características de cada inversor. Además del perfil de riesgo, pueden incorporar necesidades específicas, restricciones de inversión o determinados objetivos patrimoniales.
  • Los fondos de inversión, por el contrario, son productos estandarizados. Todos los partícipes invierten siguiendo una misma estrategia, independientemente de sus circunstancias personales.

Estructura de la inversión

En una cartera gestionada, el inversor mantiene la titularidad directa de los distintos fondos o activos que componen la cartera.

Por ejemplo, una cartera puede estar formada por un 60 % de un fondo de renta variable global y un 40 % de un fondo de renta fija internacional. El cliente posee participaciones en ambos fondos.

En un fondo de inversión, el inversor únicamente es partícipe de un único vehículo de inversión, que es el que decide cómo distribuir el patrimonio entre los distintos activos o, en el caso de un fondo de fondos, entre otros fondos.

Toma de decisiones, gestión y acompañamiento

En ambos casos existe una gestión profesional de las inversiones, pero la forma de tomar las decisiones es diferente.

  • En un fondo de inversión: el gestor toma una única decisión de inversión para todos los partícipes del fondo, es decir, la misma estrategia se aplica por igual a todos los inversores.
  • En una cartera gestionada: esa visión de mercado se adapta a cada cliente en función de su perfil de riesgo, sus objetivos financieros y su horizonte temporal. Esto permite construir soluciones de inversión más personalizadas, manteniendo una estrategia común pero ajustada a las características de cada inversor.

Además, quienes contratan una cartera gestionada suelen contar con el apoyo de un banquero o asesor especializado, que les informa sobre la evolución de su patrimonio, los cambios realizados en la cartera, la visión de mercado de la gestora y el posicionamiento de las inversiones. 

Este acompañamiento favorece una relación de confianza a largo plazo y resulta especialmente valioso en periodos de elevada volatilidad o incertidumbre.

Flexibilidad del mandato de inversión

Otra diferencia importante entre una cartera gestionada y un fondo de inversión es el grado de flexibilidad.

  • En un fondo de inversión: la estrategia, el universo de inversión y los límites de riesgo vienen definidos en el folleto del fondo y son comunes para todos los partícipes.
  • En una cartera gestionada: el mandato puede adaptarse a las necesidades concretas del inversor. Por ejemplo, puede incorporar restricciones de inversión (como excluir determinados sectores o emisores), criterios de sostenibilidad, límites de concentración, necesidades de liquidez o preferencias por determinados tipos de activos.

Esta capacidad de adaptación permite construir una estrategia de inversión mucho más alineada con las circunstancias de cada cliente.

Reporting y transparencia

Las diferencias también se reflejan en la información que recibe el inversor.

  • En un fondo de inversión: el reporting es el mismo para todos los partícipes, ya que todos invierten en una única cartera.
  • En una cartera gestionada: el inversor recibe un reporting personalizado, que refleja la composición específica de su cartera, las operaciones realizadas, la evolución de su patrimonio y los cambios introducidos por el equipo gestor.

Esto proporciona un mayor nivel de transparencia y facilita el seguimiento de la inversión.

Acceso a oportunidades de inversión

Una diferencia adicional, en favor de las carteras gestionadas (frente a los fondos de inversión), es que determinadas entidades pueden acceder a clases institucionales o clases limpias de fondos, así como a determinados vehículos de inversión que, en muchos casos, no están disponibles para un inversor particular.

Esto puede traducirse en menores costes sobre algunos productos y en un acceso más amplio a oportunidades de inversión.

Comparativa rápida de las diferencias entre una cartera gestionada y un fondo de inversión

Aspecto

Cartera gestionada

Fondo de inversión

Aspecto

Gestión

Cartera gestionada

Personalizada

Fondo de inversión

Colectiva

Aspecto

Adaptación al perfil

Cartera gestionada

Muy alta

Fondo de inversión

Limitada

Aspecto

Titularidad

Cartera gestionada

Directa sobre cada fondo o activo

Fondo de inversión

Participación en un único fondo

Aspecto

Toma de decisiones

Cartera gestionada

Adaptada a cada perfil

Fondo de inversión

Igual para todos los partícipes

Aspecto

Reporting

Cartera gestionada

Personalizado

Fondo de inversión

Estandarizado

Aspecto

Acompañamiento

Cartera gestionada

Banquero o asesor especializado

Fondo de inversión

Limitado

Aspecto

Fiscalidad

Cartera gestionada

Similar, con posibilidad de planificación personalizada

Fondo de inversión

Similar

Aspecto

Acceso a inversiones

Cartera gestionada

Clases institucionales y determinados vehículos

Fondo de inversión

Limitado al fondo contratado

¿Existen diferencias en la fiscalidad de ambos vehículos de inversión?

Desde el punto de vista fiscal, tanto la cartera gestionada como los fondos de inversión reciben un tratamiento similar:

Mientras no se produzca un reembolso, las plusvalías generadas por los fondos que componen la cartera no tributan en el IRPF. Además, los traspasos entre fondos pueden realizarse sin impacto fiscal inmediato cuando se cumplen los requisitos establecidos por la normativa.

No obstante, una cartera gestionada permite incorporar la planificación fiscal dentro del proceso de inversión. El gestor puede tener en cuenta la situación fiscal del cliente al decidir qué posiciones vender o mantener, con el objetivo de optimizar la tributación cuando resulte conveniente y siempre dentro del mandato acordado.

La tributación se produce únicamente cuando el inversor decide rescatar, total o parcialmente, su inversión.

¿Y las comisiones?

Tanto las carteras gestionadas como los fondos de inversión tienen costes asociados, aunque su estructura es diferente.

  • En los fondos de inversión: las comisiones de gestión y depositaría están incorporadas al propio valor liquidativo, por lo que el inversor no recibe un cargo explícito.
  • En las carteras gestionadas: existe una comisión por el servicio de gestión, normalmente calculada como un porcentaje sobre el patrimonio administrado.No obstante, comparar únicamente las comisiones puede resultar engañoso.

Algunas entidades tienen acceso a clases institucionales o clases limpias de fondos, con costes inferiores a los disponibles para un inversor minorista, lo que puede compensar parcial o totalmente el coste del servicio de gestión.

Ejemplo práctico entre invertir de una cartera gestionada y un fondo de inversión

Ana dispone de 100.000 euros para invertir y tiene un perfil de riesgo moderado.

Si invierte en un fondo perfilado, adquirirá participaciones de un único fondo cuya estrategia decidirá la gestora.

Si opta por una cartera gestionada, un equipo de profesionales construirá una cartera formada por distintos fondos adaptados a su perfil, realizará los ajustes que considere oportunos cuando cambien las condiciones de mercado y la mantendrá informada sobre las decisiones adoptadas, la evolución de su inversión y la visión de mercado de la gestora.

Si Ana contratase una cartera gestionada

Si Ana invierte en un fondo de inversión perfilado...

Si Ana contratase una cartera gestionada

Para invertir esos 100.000 euros, los gestores crean para ella una cartera compuesta directamente por el "Fondo Global de Renta

Variable X" (40%), el "Fondo de Bonos

Corporativos Y" (40%) y el "Fondo de Liquidez Z" (20%).

Si Ana invierte en un fondo de inversión perfilado...

Decide poner sus 100.000 € en un producto único, el "Fondo Mixto Moderado ABC". Su gestor decide internamente invertir un 40% en el "Fondo de Renta Variable X" y un 60% en el "Fondo de Renta Fija Y".

Si Ana contratase una cartera gestionada

Ana es titular de estos tres fondos. Cada trimestre, su banco le carga en su cuenta una comisión de gestión (por ejemplo, un 0,7% anual) más IVA.

Si Ana invierte en un fondo de inversión perfilado...

Ana es partícipe de un único fondo, el ABC. Las comisiones de gestión de los fondos X e Y, y del propio fondo ABC, se descuentan diariamente de su valor liquidativo. Laura no ve un cargo directo en su cuenta, pero la rentabilidad final de su fondo perfilado ya es neta de todos estos costes.

Si Ana contratase una cartera gestionada

Si el gestor decide que es momento de reducir el posicionamiento de Ana en bolsa, traspasará su dinero del Fondo X al Fondo Z. Este traspaso no tendrá coste fiscal para Ana.

Si Ana invierte en un fondo de inversión perfilado...

Si el gestor del fondo ABC quiere ser más conservador, puede vender activos dentro del fondo de forma inmediata.

En conclusión…

No existe una alternativa universalmente mejor.

La elección entre una cartera gestionada y un fondo de inversión dependerá de las necesidades, los objetivos y las preferencias de cada inversor.

Quienes buscan una gestión altamente personalizada, un mayor nivel de acompañamiento, una estrategia adaptada a su perfil, acceso a una selección más amplia de instrumentos de inversión y un seguimiento individualizado pueden encontrar en las carteras gestionadas una solución especialmente adecuada.

Por el contrario, quienes prefieren un producto estandarizado, sencillo y con una gestión colectiva pueden optar por un fondo de inversión.

En cualquier caso, contar con asesoramiento profesional puede ayudar a seleccionar la alternativa más adecuada para construir una estrategia de inversión sólida, diversificada y alineada con los objetivos financieros a largo plazo.

Ernesto Cañedo-Arguelles

Con más de 25 años de trayectoria en Gestión de Activos, lidera la Gestión Discrecional de Carteras en BBVA Asset Management. Dirige la implementación de estrategias de inversión adaptadas a los perfiles y objetivos de los clientes. Supervisa la asignación de activos y la gestión del riesgo para optimizar la rentabilidad a largo plazo.