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Cuatro años, diez amenazas y más de un 100% de subida

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de análisis y estrategia de Banca Privada BBVA
Podcast Module
31/08/2026

Cuatro años, diez amenazas y más de un 100% de subida

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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31/08/2026

Corría el mes de octubre de 2022. La inflación estaba en niveles que no veíamos desde hacía décadas. La Reserva Federal protagonizaba uno de los ciclos de subidas de tipos más agresivos de su historia reciente. Europa afrontaba una crisis energética después de la invasión rusa de Ucrania. Y buena parte del mercado daba prácticamente por inevitable una recesión.
Y precisamente ahí comenzó el mercado alcista. El índice MSCI ACWI, que representa la renta variable global, marcó un mínimo de 550 puntos el día 12 de octubre de ese año. Hoy se encuentra por encima de los 1.150 puntos. En menos de cuatro años, la bolsa mundial ha más que duplicado su valor.

¿Acaso el mundo se “arregló” en ese preciso momento? ¿Empezó a ir todo bien? Nada más lejos de la realidad. El mercado comenzó a escalar entonces el muro de la preocupación y no ha dejado de hacerlo desde entonces. En los próximos minutos, vamos a hacer un viaje a través de 10 crisis que se han sucedido durante estos últimos cuatro años, pero que no han podido acabar con uno de los movimientos alcistas más sólidos de las últimas décadas.

Volvamos a octubre de 2022. La Fed acababa de realizar otra subida de 75 puntos básicos y todavía quedaban varias más. En el verano de 2023, los tipos alcanzarían el 5,5% en el extremo superior del rango. Sin embargo, la recesión que temían los inversores nunca llegó a ocurrir.

Apenas cinco meses después llegó la segunda crisis. En marzo de 2023 quebró Silicon Valley Bank. Cayó Signature Bank. First Republic terminaría siguiendo el mismo camino. Y, al otro lado del Atlántico, Credit Suisse tuvo que ser rescatado mediante su absorción por UBS. Durante unos días volvieron los fantasmas de la crisis financiera de 2008. La subida de los tipos había revelado pérdidas enormes en las carteras de bonos y vulnerabilidades que habían permanecido ocultas durante los años del dinero prácticamente gratuito. Parecía posible que el endurecimiento monetario estuviera comenzando a romper el sistema financiero. No ocurrió.

Pero unos meses después apareció otro problema. La economía estadounidense, lejos de entrar en recesión, continuaba mostrando una fortaleza sorprendente. La inflación se resistía a desaparecer y las rentabilidades de los bonos volvieron a subir. El bono estadounidense a diez años se aproximó al 5%. Los inversores tuvieron que asumir que quizá los tipos no bajarían rápidamente y que el mundo del dinero barato podía haber terminado. Las bolsas corrigieron nuevamente. Y nuevamente se recuperaron.

Mientras tanto, el riesgo geopolítico continuaba aumentando. La guerra de Ucrania seguía abierta y, en octubre de 2023, el ataque de Hamás contra Israel abrió un segundo gran foco de inestabilidad. Gaza, Líbano, Irán, el Mar Rojo, las rutas comerciales y el petróleo fueron incorporándose sucesivamente a las preocupaciones del mercado.
En 2024, las preocupaciones volvieron al terreno monetario. El mercado había comenzado el año esperando numerosos recortes de tipos. Pero la inflación resultó más persistente de lo previsto. La “última milla” hacia el objetivo del 2% estaba siendo mucho más difícil. Cada dato de inflación planteaba nuevamente la misma pregunta: ¿y si los tipos tienen que permanecer altos durante mucho más tiempo?

Pero entonces había aparecido una fuerza extraordinariamente poderosa: la inteligencia artificial. Nvidia se convirtió en el símbolo de una nueva revolución tecnológica. Los beneficios crecían y las expectativas crecían todavía más. El mercado tenía un nuevo motor, pero también un nuevo riesgo, ya que cada vez una mayor proporción de las ganancias bursátiles dependía de un número muy reducido de compañías que habían alcanzado unas valoraciones muy exigentes.

En agosto de 2024 llegó otro aviso. El Banco de Japón comenzó a normalizar su política monetaria, el yen se apreció y numerosas posiciones financiadas durante años con la moneda japonesa comenzaron a deshacerse. La caída fue violenta y la recuperación posterior, extraordinariamente rápida.

En enero de 2025 apareció DeepSeek. Una compañía china mostraba que quizá podían construirse modelos de inteligencia artificial competitivos utilizando muchos menos recursos de los que el mercado había asumido. Nvidia sufrió una corrección histórica y arrastró a la baja al resto del sector.

Después llegaron los aranceles. La nueva política comercial estadounidense volvió a despertar el temor a una guerra comercial global. Y esta vez el problema tenía dos caras: menos crecimiento y más inflación. Una combinación especialmente incómoda porque limita la capacidad de los bancos centrales para responder. El mercado volvió a caer con fuerza y volvió a recuperarse.

Llegamos así a 2026 con nuevas preocupaciones: Irán, petróleo, déficits fiscales, deuda pública, rentabilidades de los bonos y la posibilidad de que la inflación vuelva a complicar la normalización monetaria.

Y, sin embargo, el índice mundial ha pasado de 550 puntos a más de 1.150. Otros índices han ido mucho más allá, como nuestro Ibex 35, que ha escalado un sorprendente 176% desde octubre de 2022.

Inflación. Tipos. Recesión. Crisis bancaria. Ucrania. Gaza. Concentración tecnológica. DeepSeek. Aranceles. Irán. Petróleo. Deuda. Más de un 100% de rentabilidad atravesando una sucesión casi permanente de razones para vender.

Y aquí aparece la verdadera enseñanza de estos cuatro años. El inversor tuvo que permanecer en el mercado mientras ocurrían todas esas cosas. Sin saber cómo terminarían. Sin conocer el siguiente dato de inflación, la próxima decisión de la Fed, la extensión de una guerra o si una crisis bancaria acabaría siendo contenida. Los riesgos no eran imaginarios. Eran reales.

El inversor debe entender y aceptar que volatilidad y riesgo forman parte del precio que pagamos por acceder a la rentabilidad de largo plazo de la renta variable. Durante estos cuatro años, la decisión más costosa fue pensar que había que esperar a que los riesgos desaparecieran para invertir. Porque el mercado no esperó.