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Hambre para hoy, pan para mañana

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de análisis y estrategia de Banca Privada BBVA.
Podcast Module
14/09/2026

Hambre para hoy, pan para mañana

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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14/09/2026

La fuerte corrección que están experimentando los mercados mundiales de renta fija está generando una comprensible inquietud entre los inversores. Las rentabilidades de los bonos soberanos han alcanzado niveles que no veíamos desde hace muchos años: la deuda pública estadounidense a diez años se aproxima al 5%, el bono alemán con el mismo vencimiento ha tocado el 3,5% y los tipos de largo plazo han repuntado también con intensidad en Reino Unido, Japón y otros mercados desarrollados.

El movimiento ha provocado pérdidas de precio en las carteras, especialmente en aquellas con mayor duración. Sin embargo, creemos que conviene distinguir entre una corrección provocada por un cambio en el nivel de los tipos de interés y un deterioro fundamental de la calidad de los bonos. Nuestra lectura se aproxima mucho más a lo primero.

Una primera consideración resulta fundamental. Aunque buena parte de la atención se esté concentrando en Estados Unidos, la subida de las rentabilidades es un fenómeno mundial. Durante este año, los tipos de largo plazo han aumentado incluso más en algunos mercados europeos y en Japón que en Estados Unidos. Por tanto, resulta difícil interpretar el movimiento como una crisis de confianza en la deuda estadounidense. Los mercados están realizando un ajuste mucho más amplio hacia un mundo en el que el precio del dinero será superior al de la década pasada.

Existen varias razones detrás de este cambio. La primera es muy obvia: los bancos centrales han pasado de plantearse recortes de tipos en 2026 a endurecer su política con nuevas subidas. La resistencia de las economías, la persistencia de la inflación y, más recientemente, el encarecimiento de la energía derivado de la guerra de Irán, han obligado a los mercados a revisar radicalmente sus expectativas de política monetaria. Buena parte del aumento de las rentabilidades de la deuda pública puede explicarse simplemente por ese cambio.

Pero existe además una transformación más profunda. Durante la década posterior a la crisis financiera global convivimos con crecimiento débil, inflación reducida, exceso mundial de ahorro, políticas monetarias extraordinariamente expansivas y compras masivas de bonos por los bancos centrales. Aquello deprimió artificialmente las rentabilidades hasta niveles que difícilmente pueden considerarse normales desde una perspectiva histórica.

Hoy el mundo es diferente. Los gobiernos necesitan financiar déficits elevados y están emitiendo cantidades crecientes de deuda. Al mismo tiempo, los estados y las empresas están embarcados en uno de los mayores ciclos de inversión de las últimas décadas. Inteligencia artificial, centros de datos, semiconductores, redes eléctricas, defensa, reindustrialización e infraestructuras requieren cantidades extraordinarias de capital.

Sólo la expansión de la IA está provocando un aumento muy significativo de la emisión de deuda corporativa. Esto significa que los gobiernos ya no compiten únicamente entre ellos por el ahorro mundial: compiten también con algunas de las compañías más solventes y rentables del planeta.

Cuando los gobiernos y las empresas necesitan pedir prestado mucho dinero al mismo tiempo, hay más bonos compitiendo por atraer el ahorro de los inversores. Para conseguir que alguien compre toda esa deuda, los emisores tienen que ofrecer una remuneración suficientemente atractiva. En la práctica, eso significa pagar intereses más altos: si un inversor puede elegir entre muchas alternativas de buena calidad, es previsible que se decante por las opciones más atractivas en términos de rentabilidad.

Para un inversor que ya posee bonos, una subida de las rentabilidades provoca pérdidas de valoración. Pero también sucede algo igualmente importante: las nuevas inversiones y el dinero que va venciendo pueden reinvertirse a rentabilidades mucho más elevadas, de manera que el mayor rendimiento generado por la cartera comienza a compensar las pérdidas de precio.

Ésta es la gran diferencia respecto a 2020 o 2021. Entonces, con rentabilidades soberanas cercanas a cero o incluso negativas, las carteras no tenían protección frente a una subida de tipos de interés. Hoy disponemos de un colchón completamente diferente. De hecho, más del 80% del universo mundial de bonos ofrece ya rentabilidades superiores al 4%, frente a una situación radicalmente distinta hace sólo unos años. Esto significa que el tiempo vuelve a jugar a favor del inversor de renta fija.

En otras palabras, empieza a aparecer una asimetría interesante: si los tipos permanecen elevados, el inversor cobra una rentabilidad mucho mayor mientras espera; y si finalmente empiezan a bajar, ese rendimiento se verá acompañado por la recuperación del precio de los bonos.

Hay señales de que los actuales niveles de tipos empiezan a atraer demanda. El reciente comportamiento de las subastas de deuda estadounidense de largo plazo muestra que los inversores comienzan a encontrar valor cuando las rentabilidades alcanzan niveles suficientemente elevados. Es exactamente el mecanismo que debería acabar estabilizando el mercado: las rentabilidades cada vez mayores van atrayendo un número creciente de compradores.

Esto no significa que podamos asegurar que hemos visto ya los máximos de rentabilidad. El petróleo continúa siendo una fuente importante de incertidumbre, los bancos centrales mantienen un sesgo restrictivo y las necesidades de financiación pública y privada seguirán siendo elevadas. Por tanto, todavía podemos experimentar episodios adicionales de volatilidad.

Sin embargo, no creemos que la respuesta adecuada a la actual corrección sea abandonar la renta fija. Al contrario: el ajuste de precios está mejorando progresivamente las perspectivas de retorno para los próximos años. La década de tipos cero ha terminado. Para el precio de los bonos, ese tránsito ha sido doloroso, pero para el inversor de renta fija que mira hacia delante, vienen indudablemente tiempos mejores.

Dando la vuelta al tradicional refrán, estamos en un punto de “hambre para hoy, pan para mañana”.

Gracias por acompañarnos en este análisis. Nos escuchamos muy pronto, en el próximo episodio.