¿Cuáles son las inversiones más seguras?

Existen inversiones seguras, para perfiles más conservadores, las cuales ofrecen la tranquilidad que buscan estos perfiles de inversor que priman la protección de su inversión por encima de su rentabilidad. Hablamos, por ejemplo, de los depósitos, los fondos de inversión de renta fija (y a corto plazo) o los seguros de ahorro. Eso sí, no están carentes de un cierto riesgo, aunque menor que otras opciones.

La seguridad es uno de los criterios más importantes para cierto perfil de inversión. Ese que, por su aversión al riesgo o por un criterio de prudencia respecto a su objetivo de inversión, tratan de eliminar o minimizar las posibilidades de incurrir en pérdidas.

Este factor, la seguridad en la inversión, cobra más y más relevancia cuanto más se acerca en el tiempo el objetivo en el que se invierte. Y es que, el tiempo condiciona, y mucho, la inversión al otorgar o quitar margen de maniobra.

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Ponemos un ejemplo

Juan y María ahorran para su jubilación. 

Juan se encuentra en la recta final, a cinco años vista de retirarse. Para él, la seguridad es una variable crucial, dada la relevancia de su objetivo de ahorro y la importancia de no dilapidar el esfuerzo realizado durante décadas. Preservar el capital en este caso es la prioridad. 

María, por su parte, tiene 30 años y está comenzando a ahorrar para su jubilación. Su horizonte temporal de ahorro excede las tres décadas y necesita maximizar la rentabilidad ahora que tiene mucho margen de maniobra. En su caso, el riesgo es precisamente no asumir riesgos. La seguridad pierde relevancia en “su escenario”.

Ahora que sabemos el papel protagonista de la seguridad en las inversiones, es el momento de pararnos a conocer lo que es, realmente, una inversión segura.

¿Qué es una inversión segura?

Una inversión segura es la que antepone la protección del capital que se ha invertido a la rentabilidad, la cual, y en base a esto, suele ser baja.

¿A quién se dirigen las inversiones seguras?

Normalmente, las inversiones seguras son elegidas por un tipo de perfil de inversión más conservador, cuya preferencia es la estabilidad y protección de su dinero (a costa de los beneficios que este pueda darle al ser invertido).

El factor que desestabiliza las inversiones seguras: la volatilidad

Uno de los aspectos que influye en este tipo de inversiones, restándole seguridad y sumándole riesgo, es la volatilidad

Esta es la que mide lo que se desvía el precio de un activo respecto a su valor medio en un intervalo determinado de tiempo. Así:

  • Mayor volatilidad = mayor riesgo (y más alta la potencial ganancia).
  • Menor volatilidad = menor riesgo (y más baja la potencial ganancia).

En resumen:

Mayor volatilidad

Menor volatilidad

Mayor volatilidad

Más riesgo

Menor volatilidad

Menos volatilidad

Mayor volatilidad

Más ganancia potencial

Menor volatilidad

Menos ganancia potencial

¿Existe la inversión sin riesgo?

Lo primero, hay que tener claro que toda inversión, sin excepción, conlleva un riesgo. Por tanto, y en respuesta a la pregunta, no, no existe una inversión sin riesgo

Lo que sí es posible es una inversión de bajo riesgo, la cual tiene una volatilidad muy baja, lo que implica que su valor casi no va a cambiar con el tiempo, al igual que el retorno. Es lo que más se acerca a una inversión segura.

Inversiones seguras: ¿cuáles lo son más (y cuáles menos)?

Basándonos en este criterio de la seguridad, se pueden clasificar algunas de las inversiones más conocidas de menor a mayor riesgo (las exponemos en base a este criterio):

  • Depósitos: suelen ofrecer una rentabilidad fija conocida de antemano y generalmente a un plazo determinado. En entornos de bajos tipos de interés suelen ofrecer una rentabilidad muy reducida, por lo que estos productos están generalmente recomendados para inversores conservadores que priman seguridad a rentabilidad. El riesgo inherente a estos productos radicaría en la quiebra de la entidad financiera, si bien están garantizados hasta 100.000 € por cliente a través del Fondo de Garantía de Depósitos.
  • Seguros de ahorro: son una combinación de inversión y protección. Por un lado, ofrecen seguridad (gracias a rentabilidades garantizadas o de bajo riesgo, protección del capital y beneficios fiscales) y por otro permiten la inversión en productos de bajo riesgo. Ambas, sumadas, aportan tranquilidad al inversor, al asegurar el patrimonio a medio/largo plazo.
  • Activos de renta fija y a corto plazo: hay una amplia variedad, por ejemplo, las Letras del Tesoro o los fondos de inversión (de este tipo). La rentabilidad es fija y conocida con anterioridad siempre que se mantengan los títulos hasta su vencimiento, si bien existen una serie de riesgos: riesgo de mercado, riesgo de liquidez y riesgo de crédito.
  • Inversiones en renta variable: por renta variable suele referirse a las acciones de las empresas, que se adquieren en la bolsa. Son títulos que cotizan y su volatilidad es superior a la de los títulos de renta fija. En contrapartida, aspiran a obtener rentabilidades superiores. Los títulos de renta variable no ofrecen una rentabilidad predeterminada (aunque algunos ofrecen pagos periódicos en forma de dividendos) y su evolución se encuentra sujeta a variables internas como la gestión de la compañía, pero también a variables externas como factores políticos o macroeconómicos.
  • Inversiones en productos derivados: los productos derivados son instrumentos financieros cuyo valor deriva de la evolución de los precios de otro activo, denominado “activo subyacente”, el cuál puede ser una acción, una cesta de acciones, un valor de renta fija, una divisa, materias primas, tipos de interés, etc. Estos son productos de riesgo muy elevado, pues se encuentran sujetos a lo que se conoce como efecto apalancamiento, que consiste en que la inversión efectivamente realizada es inferior a la exposición real al activo subyacente, por lo que existe un efecto multiplicador tanto de las ganancias como de las pérdidas.