Cuando el mercado se cansó de subir por las escaleras

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA.
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20/04/2026

Cuando el mercado se cansó de subir por las escaleras

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
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20/04/2026

Una de las máximas más repetidas en el mundo de la inversión es que las bolsas tienen tendencia a subir por las escaleras y a bajar por el ascensor. Tiene lógica: las subidas se construyen poco a poco, a medida que los datos macroeconómicos avalan una situación cíclica favorable y los beneficios empresariales se van materializando. Sin embargo, cuando aparece un evento inesperado y potencialmente sistémico, las primas de riesgo se ajustan violentamente y el mercado no duda en “tomar el ascensor” en su camino de bajada.

Sin embargo, durante la actual crisis, el comportamiento del mercado ha sido el opuesto: ha bajado por las escaleras, pero ha subido en ascensor.

A lo largo del mes de marzo, el S&P 500 corrigió cerca de un 9% en un movimiento progresivo, más propio de una erosión del sentimiento que de un evento de pánico. Fue, en gran medida, una bajada “por las escaleras”: ordenada, persistente, sin capitulación clara.

Y entonces ocurrió lo verdaderamente extraordinario. Coincidiendo con el inicio del mes de abril, el mercado ha completado la vuelta más rápida desde la crisis del COVID en 2020, pasando de esa corrección a nuevos máximos históricos en apenas 11 sesiones, lo que revela que estamos ante el movimiento más rápido de este tipo desde, al menos, 1990.

Es decir, lo que normalmente ocurre en meses, esta vez ocurrió en días. Es cierto que cada vez nos estamos acostumbrando más a que las correcciones en los mercados bursátiles sean efímeras, pero en este caso la realidad ha superado ampliamente las expectativas más optimistas.

La subida se ha apoyado en tres pilares claros: primero, la expectativa de una paz duradera entre Estados Unidos e Irán y la reapertura total del tráfico a través del Estrecho de Ormuz; segundo, una campaña de resultados empresariales que está sorprendiendo positivamente y que avala la solidez de los fundamentales de las empresas; y tercero, el renovado impulso de la narrativa de inteligencia artificial tras las publicaciones de grandes compañías que han reforzado la visibilidad del ciclo inversor en semiconductores y tecnología. Además, la fuerte caída de las valoraciones del sector tecnológico durante el mes de marzo ha actuado como catalizador adicional del optimismo.

A estos factores se añade un componente de comportamiento relevante: el temor de los inversores a perderse la subida, el llamado FOMO. Tras la corrección previa, muchos inversores han tenido que reposicionarse con rapidez para no quedarse fuera de un mercado que volvía a subir con fuerza, lo que ha intensificado la magnitud y la velocidad del rebote.

En definitiva, este tipo de movimientos exige una combinación muy poco frecuente: posicionamiento previo excesivamente defensivo, ausencia de deterioro real en los fundamentales y una reactivación súbita del apetito por el riesgo. Cuando eso ocurre, el mercado no corre… vuela.

Estos episodios son incómodos para quien está fuera del mercado. Penalizan al inversor excesivamente prudente, que espera confirmaciones que nunca llegan, y obligan a entrar tarde o a precios menos atractivos. Desmontan, además, narrativas que parecían sólidas apenas unas semanas antes. Favorecen, sin embargo, al inversor paciente, al que sabe ignorar los ruidos mediáticos del día a día y, en definitiva, al que se mantiene fiel a sus objetivos de largo plazo y sus horizontes de inversión.

Ahora bien, conviene no perder de vista que la velocidad del movimiento invita a pensar que el mercado puede estar pecando de cierta complacencia. En muy poco tiempo se ha pasado de un escenario de elevada incertidumbre a otro prácticamente resuelto, cuando la realidad geopolítica sigue siendo compleja y frágil. Basta con cualquier giro inesperado en el frente diplomático para que el mercado tenga que replantearse ese optimismo. Por eso, es razonable esperar que la volatilidad siga siendo elevada en el corto plazo, al menos hasta que haya una mayor claridad sobre cómo evolucionan los acontecimientos.

Mientras tanto, y aunque persistan dudas razonables sobre la sostenibilidad de este movimiento, no es menos cierto que el mercado ha logrado algo muy relevante: devolver tranquilidad a unos inversores que, hace apenas unas semanas, operaban bajo un nivel de incertidumbre sensiblemente más elevado. Este tipo de rebotes no solo tienen impacto en precios, sino también en confianza, y eso, en sí mismo, es un factor a tener en cuenta. Por eso, sin perder de vista los riesgos que siguen latentes, conviene reconocer que estamos ante un viaje en ascensor poco habitual en los mercados, tan vertiginoso como, para muchos, inesperadamente reconfortante.