María Jesús Álava

Psicóloga

"La frustración es el camino del conocimiento y esa es la llave de la inteligencia".

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En la adolescencia, lo primero es tener paciencia, lo segundo es que sabes que es un periodo que va a pasar, afortunadamente. Y después: mucha comprensión. Ellos mismos no se encuentran a gusto, no saben muy bien dónde están, están buscando su sitio en el mundo, están intentando encontrarse. Va a provocar muchísimas veces. Y tiene que sentir tu confianza, tu tranquilidad, que no pierdes el control. Cuando vea que no entras en sus provocaciones, vas a conseguir muchísima autoridad. Tú sabes que, aunque está diciendo como que no quiere nada contigo, en el fondo te sigue necesitando. En estos momentos de gran inseguridad, necesita también tu aprobación, necesita sentir que tú sigues sintiéndote orgullosa de él, que sigues pensando que es un chico realmente listo, que confías. Mira muy bien qué hacen, con quién, qué síntomas tienen las cosas que más te puedan preocupar, intenta escuchar mucho, observar enormemente y acercarte solo en aquellos momentos en los que él te lo va a permitir.

¿Cuál sería la gran asignatura pendiente de los padres? Enseñar a vivir, clarísimamente. ¿Qué tal si hubiera una asignatura que se la pudiéramos enseñar a nuestros hijos que es cómo conocerte mejor? ¿Cómo sacar lo mejor de ti mismo? ¿Cómo conocer a la gente que tienes alrededor? ¿Cómo ser mucho más sociable? ¿Cómo aprender a escuchar? ¿Cómo aprender a razonar? ¿Cómo aprender a pensar? Es decir, ¿cómo desarrollar esa inteligencia emocional? En definitiva, sería cómo aprender a vivir. Si nos conociéramos más, sabríamos relacionarnos, sabríamos ser felices, que es el objetivo final que todos buscaríamos, y seríamos menos manipulables. Hagamos niños, adolescentes, jóvenes, adultos que sean auténticos, que sean ellos, que no sean manipulables.

"El miedo, la culpabilidad o la inseguridad nos quita mucho en relación a nuestros hijos. Todo eso les ofrece casi lo peor de nosotros".

Uno de los grandes errores es la sobreprotección. Estamos intentando que su vida sea tan sencilla que, al final, les estamos anquilosando. Al final, van a andar en esta especie de carrera que es la vida con muletas, no van a poder saltar los obstáculos con los que se enfrentan. Se trata de estar a su lado, pero no para ir por delante, simplemente quédate atrás por si acaso en un momento determinado ves que se caen.

Todos los niños necesitan pautas, normas, límites, es un error no ponérselos, como es un error pensar que no es para tanto, y ceder para evitar males mayores. Esto es algo que vemos en muchos padres. Y tampoco hagamos que los hijos que se portan bien cedan en función de sus hermanos. No sacrifiquemos a unos porque casi siempre sacrificas al que mejor se porta, en función del otro que es el que tiene mayores dificultades, lo cual es una gran injusticia. Pero hay un tema fundamental que nos preocupa mucho, y es, enseñémosles a pensar, enseñémosles a razonar. Sabemos que la felicidad está en la generosidad. La mayoría de los niños de hoy les educan en el consumismo, y si les damos todo a cambio de nada, empiezan por no dar valor a las cosas y terminan por no dar valor a las personas. Esto es un gran drama. En definitiva, no seamos colegas, no les sobreprotejamos, no cedamos a veces para evitar males mayores. Pongamos una serie de pautas, de normas, de límites claramente establecidos, actuemos en función de cómo es cada niño y con esa singularidad unifiquemos criterios entre los padres. Tratémosles de acuerdo a la edad que tienen y a la singularidad que ellos puedan transmitirte y démosles siempre confianza en ellos, pero confianza en nosotros.

Un niño se tiene que frustrar para poder aprender, para elaborar recursos. Esto es uno de los grandes dramas que tenemos ahora mismo. En este momento en los centros de psicología, el periodo que más nos viene de gente son jóvenes de dieciocho a treinta años. Hace veinte años, los jóvenes no venían a un centro de psicología, te los traían los padres cuando estaban muy desesperados. ¿Ahora por qué vienen? Porque no tienen recursos ante la vida, es decir, no se han podido frustrar, no les hemos dado esa oportunidad. Imagínate un bebé que quiere empezar a caminar, ¿qué es lo que hace? Intenta levantarse, se cae. La frustración, en realidad, es el camino del conocimiento, y esa es la llave de la inteligencia. Claro que te tienes que frustrar, porque si no, no vas a vivir, porque tienes que experimentar, porque tienes que darte cuenta cuándo aciertas y cuándo te equivocas, y tienes que aprender de esos errores. Los niños que no se frustran no aprenden en la vida. En la vida van a tener circunstancias difíciles, momentos en los que no les vamos a ayudar, hechos en los que se encuentran realmente muy solos. Como no hayan elaborado esos recursos, lo van a tener muy difícil. La frustración es necesaria.

Biografía
Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Psicología Pedagógica. Es profesora de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y miembro del Consejo Asesor de la Fundación Española para la Promoción y el Desarrollo Científico y Profesional de la Psicología. María Jesús Álava Reyes es autora, además, de libros como ‘La Verdad de la Mentira’, la enciclopedia ‘La Psicología que nos ayuda a vivir’, ‘La Buena Educación’ y ‘La inutilidad del sufrimiento’.