Ir al contenido principal

El mundo que viene: un consejo para los jóvenes

alvaro manteca

Álvaro Manteca

Responsable de análisis y estrategia de Banca Privada BBVA
Podcast Module
29/06/2026

El mundo que viene: un consejo para los jóvenes

Álvaro Manteca, responsable de Estrategia de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana.
00:00
05:37

29/06/2026

La gran pregunta de la inteligencia artificial no es únicamente qué trabajos desaparecerán, qué empresas ganarán o cuánto subirá la productividad. La pregunta verdaderamente importante es quién capturará esa productividad. Porque una revolución tecnológica no transforma solo la forma de producir; también transforma la forma en que se distribuye la riqueza generada por esa producción.

Durante buena parte del siglo XX, muchas personas pudieron construir una vida próspera apoyándose casi exclusivamente en su trabajo. Estudiar, acceder a un buen empleo, progresar profesionalmente y ahorrar de forma disciplinada era suficiente para mejorar el nivel de vida, adquirir una vivienda y construir cierta seguridad financiera. El salario era la columna central de la economía familiar. Para la mayoría, prácticamente la única.

Pero el mundo está cambiando. En las últimas décadas, los activos financieros e inmobiliarios han crecido con mayor intensidad que los salarios en muchas economías desarrolladas. Eso ha generado una fractura silenciosa entre quienes poseen activos y quienes dependen exclusivamente de su trabajo. Dos personas pueden tener el mismo sueldo y, sin embargo, vivir realidades económicas completamente distintas si una de ellas cuenta con una cartera de inversiones, una vivienda en propiedad o participaciones empresariales, mientras la otra solo dispone de su nómina mensual.

La inteligencia artificial puede intensificar esa diferencia. Si la IA permite a las empresas producir más con menos recursos, automatizar tareas, reducir costes, acelerar procesos y escalar servicios de forma casi ilimitada, es probable que una parte muy relevante de esas ganancias de productividad termine reflejándose en los beneficios empresariales. En consecuencia, participar de esta riqueza exigirá algo más que vender tiempo a cambio de salario. Hará cada vez más importante construir, poco a poco y cuando sea posible, una columna de activos.

Y aquí viene nuestro consejo para los jóvenes: en una economía de mercado, existen dos formas de participar en el crecimiento: trabajando y siendo propietario. La primera proporciona ingresos presentes. La segunda permite participar en los beneficios futuros. Y cuanto antes se empieza a construir esa segunda columna, más tiempo tiene el capital para trabajar.

La diferencia puede parecer irrelevante al principio. Un joven que invierte cantidades pequeñas puede pensar que el impacto es mínimo. Pero el tiempo convertirá lo pequeño en grande. Lo importante no es la cifra inicial, sino el hábito y la dirección. Cada euro invertido en activos productivos representa una pequeña participación en la economía del futuro. Es una forma de decir: no quiero depender únicamente de mi salario; quiero que una parte de mi patrimonio participe también en el crecimiento de las empresas, de la innovación y de la productividad.

La IA hace este mensaje más urgente. Si los beneficios empresariales reales crecen durante años por encima de los salarios reales, quienes solo dependan de su trabajo verán cómo les cuesta cada vez más seguir el ritmo de quienes también poseen activos, ya que estarán participando en una sola columna de ingresos, mientras los otros participan en dos.

Esta es la conocida como economía en forma de “K”. Es una economía donde las trayectorias personales divergen en función de la relación que cada persona tiene con el capital. Quien solo recibe salario depende de que su productividad individual sea reconocida y remunerada. Quien además posee activos participa en la productividad agregada de muchas empresas, muchos sectores y muchas tecnologías. Esa diferencia, acumulada durante años, puede ser enorme.

Por eso invertir no debería verse como una actividad reservada a expertos o grandes patrimonios. Debería entenderse como una extensión natural del ahorro y como una herramienta de libertad. La riqueza es tener más opciones. Es depender menos de una única fuente de ingresos. Es ganar margen de maniobra ante cambios laborales, tecnológicos o personales.

En los próximos años, trabajar seguirá siendo imprescindible. Formarse seguirá siendo imprescindible. Adaptarse seguirá siendo imprescindible. Pero quizá ya no baste con tener una buena carrera profesional. La verdadera protección frente a un mundo donde el capital tecnológico gana peso consiste en construir, desde temprano y con disciplina, una columna de activos que permita participar en el crecimiento que ese capital va a generar.

Muchos jóvenes que escuchan este episodio estarán pensando que todo esto está muy bien, pero que apenas consiguen llegar a final de mes. Y tienen razón. La dificultad para acceder a una vivienda, la precariedad laboral o el coste de la vida hacen que construir patrimonio sea hoy mucho más complicado que hace una generación. Este episodio no pretende ignorar esa realidad ni dar lecciones desde una posición privilegiada.

Al contrario, precisamente porque construir patrimonio es más difícil, entender su importancia resulta todavía más necesario. No siempre podremos empezar a invertir cuando queramos, pero sí podemos estar preparados para hacerlo cuando nuestras circunstancias nos lo permitan.