Rafael Guerrero

Psicólogo

"Hablar a un niño a la altura de sus ojos transmite confianza y seguridad".

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La empatía es uno de los conceptos que necesitamos enseñar a nuestros hijos. El concepto de empatía viene del griego “empathos”, que quiere decir “sufrimiento con el otro”. Imagínate que vamos los dos caminando por la calle y nos encontramos con que al mirar arriba hay un funambulista. Un funambulista que, a través de un cable, está cruzando, está pasando de un edificio a otro edificio. ¿Qué nos pasaría a nosotros? Bueno, nos pasaría que sentiríamos mucho miedo. En realidad nosotros no estamos en esa situación tan dramática, no nos estamos jugando la vida. Y eso es empatía. Es decir, sufrimiento con el otro, experimentar la emoción que tiene el otro. En lenguaje cotidiano solemos escuchar: “La empatía es cuando me pongo o me meto en los zapatos del otro”. Y está bien, pero yo añadiría una pequeña coletilla, y es que consiste en ponerse en los zapatos del otro, pero debemos tener en cuenta que esos zapatos no son nuestros. Es decir, entiendo cómo te sientes, pero yo no estoy viviendo esa situación. Entiendo tus emociones, pero no es mi situación.

Para la empatía necesitamos “un otro”. Nuestro hijo aprende a montar en bicicleta, por ejemplo, porque hay alguien, o hay varias personas, que le enseñan a montar en bicicleta. Con la empatía pasa exactamente lo mismo. Los seres humanos necesitamos de otras personas para desarrollar esa habilidad. Y luego podríamos encontrar, dentro la empatía, tres niveles, tres tipos de empatía. En primer lugar, nos encontramos con una empatía de tipo emocional. En un segundo nivel que implica un poquito más de complejidad, metemos algo que es eminentemente humano, que son las cogniciones, los juicios, los pensamientos… Es decir, todo lo relacional, todo lo que tenga que ver con el córtex. el tercer y último nivel de la empatía consiste en un cambio de perspectiva. Lo que ocurre es que yo me voy a tu lugar, pero añado algo en relación a mí.

¿Cómo podemos hacer que nuestros hijos sean sensibles, sean empáticos? Igual que decimos que para conseguir que un niño aprenda a nadar necesitamos enseñarle a nadar, es decir, ejercer de modelos y luego que él vaya aprendiendo poco a poco, en este caso, esta conducta motriz. En el caso de la empatía exactamente lo mismo. Decía la madre Teresa de Calcuta: “No os preocupéis por lo que les decís a vuestros hijos, preocuparos de lo que hacéis”.

¿Cómo combatir las rabietas?

Si tuviésemos que concretar una edad, podemos decir que en torno a los cuatro o cinco años ya existe una empatía de una manera madura. Es un aspecto que requiere de mucho tiempo. A partir de esa edad es cuando aparece otro aspecto muy relacionado con la empatía que es la teoría de la mente. La teoría de la mente es la capacidad que tenemos para ponernos en el lugar del otro, y no solamente entender las emociones que está experimentando el otro, sino para saber qué ideas, qué pensamientos y qué expectativas tiene el otro.

Qué mejor momento, qué mejor lugar para nuestros niños, que aprender a frustrarse con mamá y con papá. Lo que no podemos hacer es esperar. Quitarles situaciones de frustración y de sufrimiento a nuestros niños y esperar a que se independicen o se vayan a estudiar y el chaval en este caso, el ya adulto, se encuentre con situaciones que sean realmente frustrantes.

¿Y cómo uno aprende a frustrarse? Frustrándose. Uno tiene que aprender a frustrarse experimentando la emoción de rabia. Y luego también, que nosotros seamos capaces de darle al niño estrategias. Que yo reconozca que lo que estoy viviendo es una situación frustrante y que, por supuesto, tenga herramientas. Si nadie me enseña herramientas, si no hay “un otro” que me dé herramientas, difícilmente voy a poder gestionar mi propia emoción. Para eso previamente tengo que reconocer que me siento frustrado. No es que me sienta mal, es que me siento frustrado. Y no es que me sienta frustrado y punto, sino que me siento frustrado porque no me han dado el trabajo que yo quería, porque no me han dado la plaza en el máster que yo quería estudiar.

El ser humano está predeterminado para aprender. Esas son las necesidades cognitivas. Todos queremos aprender. A todos nos gusta conseguir la mejor versión de nosotros. La versión 1.0, 2.0, 3.0… Entonces, todos tendemos a mejorar, pero es una necesidad el irnos superando a nosotros mismos, el ir escalando en el trabajo, por ejemplo, el ir evolucionando en la familia, el ir evolucionando con uno mismo.

Biografía
Licenciado en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Educación. Autor del libro ‘Educación emocional y apego’, un manual para convertir a niños y jóvenes en expertos emocionales. Este psicólogo es un conferenciante habitual que ofrece claves sencillas para mejorar la relación con los más pequeños y mitigar los efectos de, por ejemplo, las temidas rabietas.