Guerra en Irán: impacto en mercados y qué esperar ahora
Guerra en Irán: impacto en mercados y qué esperar ahora
09/03/2026
La semana pasada estuvo dominada por la rápida escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y por su impacto inmediato sobre los mercados energéticos y financieros. El movimiento más visible fue el fuerte repunte del petróleo, que superó inicialmente los 90 dólares por barril y ha llegado a aproximarse a los 120 dólares en el arranque de la semana, tras registrar uno de los mayores repuntes semanales de las últimas décadas. Este movimiento refleja el riesgo de interrupción del suministro en una de las regiones más críticas para el comercio mundial de energía.
La reacción del resto de los activos financieros ha sido coherente con este shock geopolítico. Las bolsas han registrado caídas relevantes, especialmente en Asia, las rentabilidades de la deuda han repuntado ante el temor a un nuevo impulso inflacionista y el dólar ha vuelto a actuar como activo refugio. Sin embargo, conviene subrayar que el ajuste de mercado, aun siendo significativo, se ha desarrollado de forma ordenada. Más que una huida descontrolada de los activos de riesgo, lo que estamos observando es una ampliación de la prima de riesgo asociada a un escenario que, si se prolongara en el tiempo, pondría en cuestión la narrativa dominante que ha guiado a los mercados en los últimos meses: un entorno de crecimiento razonablemente sólido, inflación descendiendo y bancos centrales retirando gradualmente la restricción monetaria.
Los elementos más preocupantes de la situación actual son claros. En primer lugar, la disrupción efectiva del Estrecho de Ormuz, por donde transita más de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, ha paralizado buena parte del tráfico energético de la región. En segundo lugar, comienzan a aparecer señales de recortes de producción en varios países del Golfo, no tanto por daños estructurales en las instalaciones como por la imposibilidad de exportar el crudo almacenado y la saturación progresiva de las infraestructuras de almacenamiento. Finalmente, el propio comportamiento del petróleo refleja que el mercado está incorporando un riesgo creciente de disrupción del suministro.
A este deterioro del frente energético se ha sumado en las últimas horas un nuevo factor de incertidumbre política. La designación de Mojtaba Khamenei como nuevo líder supremo de Irán, tras la muerte de su padre en los primeros compases del conflicto, ha sido interpretada por muchos analistas como una señal de continuidad del régimen y de endurecimiento de su postura frente a Occidente. La rapidez de la sucesión ha evitado un vacío de poder en Teherán, pero también reduce la probabilidad de una desescalada inmediata, lo que ha contribuido a elevar el nerviosismo de los inversores al inicio de la semana.
En este contexto, la variable crítica sigue siendo la duración del conflicto. La experiencia histórica muestra que incluso precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril no suelen provocar un daño significativo sobre el ciclo económico global si ese nivel se mantiene únicamente durante un periodo limitado. El verdadero problema aparece cuando el shock energético se prolonga durante varios meses, elevando de forma persistente la inflación y erosionando la renta disponible de los hogares y los márgenes de las empresas. Por ahora, este sigue sin ser nuestro escenario central.
Existen varias razones que sustentan esta visión. Desde el punto de vista militar, la correlación de fuerzas continúa siendo claramente desfavorable para Irán. La hegemonía aérea de la coalición liderada por Estados Unidos e Israel es prácticamente absoluta, lo que ha permitido atacar de forma sistemática centros de producción de misiles, plataformas de lanzamiento y nodos logísticos. Además, el descabezamiento de buena parte de la cadena de mando iraní ha debilitado significativamente la capacidad de coordinación del aparato militar. De hecho, los propios datos operativos sugieren que la intensidad de los ataques está disminuyendo: el número de misiles y drones lanzados por Irán ha ido reduciéndose desde los primeros días del conflicto, un indicio de que el ritmo inicial de ataques difícilmente es sostenible durante un periodo prolongado.
A ello se suma un elemento estratégico clave: la prioridad absoluta de Estados Unidos de evitar una disrupción prolongada de los mercados petroleros. El encarecimiento del crudo tiene consecuencias económicas y políticas inmediatas, especialmente en un contexto en el que la administración estadounidense afronta elecciones de medio mandato este mismo año. Washington ha dejado claro que está dispuesto a emplear todos los instrumentos disponibles para mantener abiertos los flujos energéticos, desde escoltas navales en el Estrecho de Ormuz hasta garantías de seguro para los buques que transiten por la zona. Al mismo tiempo, parte del flujo energético que habitualmente atraviesa Ormuz puede desviarse hacia rutas alternativas, especialmente a través de oleoductos que conectan los campos del Golfo con puertos en el Mar Rojo o el Golfo de Omán. Aunque estas infraestructuras no pueden sustituir completamente al estrecho, sí permiten aliviar parcialmente el cuello de botella.
A estos mecanismos se suma la respuesta de la OPEP. En un entorno de tensión energética, el cártel tiene incentivos claros para compensar parte de la caída del suministro regional mediante incrementos de producción en países con mayor capacidad ociosa. Al mismo tiempo, dentro del G7 se discute la posibilidad de una liberación coordinada de reservas estratégicas si el impacto energético se intensifica. Este tipo de medidas ha actuado históricamente como amortiguador en episodios similares, ayudando a estabilizar los precios cuando el mercado comienza a tensionarse.
Por todo ello mantenemos, por ahora, una visión constructiva sobre los activos de riesgo en nuestras carteras, aun siendo plenamente conscientes de la incomodidad que genera para los inversores el actual entorno de volatilidad. La experiencia histórica muestra que, una vez se despeja la incertidumbre asociada a los episodios geopolíticos, las recuperaciones de los mercados suelen ser rápidas y, en ocasiones, muy intensas. No obstante, el reciente repunte del petróleo y la persistencia de las tensiones en el Golfo obligan a mantener una actitud vigilante mientras los mercados tratan de calibrar la duración del impacto energético.
En ese contexto, resulta fundamental evitar decisiones impulsivas en los momentos de mayor volatilidad, pero también mantener la flexibilidad necesaria para adaptar el posicionamiento si el escenario evoluciona de forma menos favorable. Por lo tanto, seguimos monitorizando muy de cerca la evolución del conflicto y su impacto sobre los mercados energéticos para ajustar el posicionamiento de las carteras si las circunstancias así lo exigieran.