Ir al contenido principal

La inteligencia artificial: un ecosistema donde todos dependen de todos

Álex Cardin

Áxel Cardin

Responsable de Mercados de Banca Privada BBVA
Podcast Module
04/08/2026

La inteligencia artificial: un ecosistema donde todos dependen de todos

Áxel Cardin, responsable de Mercados de Banca Privada de BBVA, nos trae el análisis económico de la semana
00:00
05:01

04/08/2026

En las últimas semanas hemos conocido algunas operaciones que ilustran hasta qué punto la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase. El ejemplo más reciente lo encontramos en Nvidia, que ha vuelto a situarse en el centro de la atención con una nueva batería de acuerdos destinados a acelerar el desarrollo del sector.

Entre ellos, destaca un acuerdo estratégico con el grupo surcoreano SK Hynix que podría superar los 500.000 millones de dólares en compras e inversiones conjuntas durante los próximos años, con el objetivo de desarrollar nueva infraestructura y asegurar el suministro de componentes críticos. Además, la compañía estudia respaldar operaciones vinculadas a OpenAI por un importe de hasta 250.000 millones de dólares y facilitar la financiación de compras de chips por otros 350.000 millones.

En paralelo, otras grandes empresas tecnológicas también están apoyando la financiación de infraestructuras y de socios estratégicos para acelerar el despliegue de la inteligencia artificial. Hablamos de compromisos de inversión que, hace apenas unos años, habrían parecido propios de grandes programas nacionales de infraestructuras y que hoy se destinan al desarrollo de un mismo ecosistema tecnológico.Más allá de las cifras, lo realmente interesante es el mensaje que transmiten. La inteligencia artificial ya no puede entenderse como una simple carrera tecnológica entre empresas que compiten por desarrollar el mejor modelo. Se parece mucho más a un ecosistema en el que el crecimiento de cada participante depende, en buena medida, de que el resto continúe invirtiendo.

Cada nuevo modelo necesita más capacidad de cálculo. Esa capacidad requiere nuevos procesadores, fábricas más sofisticadas, centros de datos, infraestructuras energéticas y una enorme inversión de capital. Todo ello forma un círculo que se retroalimenta continuamente.

El éxito de una empresa impulsa la actividad de muchas otras. Los proveedores de chips necesitan que aumente la demanda de servicios de inteligencia artificial. Los operadores de centros de datos dependen de que esos modelos sigan utilizándose de forma creciente. Las compañías eléctricas encuentran una nueva fuente estructural de demanda. Incluso sectores aparentemente alejados de la tecnología, como la ingeniería o la construcción, participan cada vez más de esta transformación.

Esta creciente interdependencia explica por qué algunos inversores empiezan a mirar más allá del potencial de crecimiento. De hecho, algunas compañías ya no solo suministran tecnología, sino que también participan en la financiación de clientes e infraestructuras para acelerar el desarrollo del conjunto del ecosistema. El resultado es un círculo virtuoso mientras la inversión sigue creciendo: unos financian, otros construyen, otros suministran tecnología y todos se benefician del aumento de la demanda. Pero esa misma dinámica puede funcionar en sentido contrario si el ciclo pierde impulso.

La cuestión no es si una empresa concreta venderá más o menos procesadores o construirá más centros de datos. La verdadera pregunta es qué ocurriría si el conjunto del ecosistema redujera su ritmo de inversión. En ese escenario, los efectos podrían propagarse rápidamente a través de toda la cadena: menos centros de datos significan menos demanda de chips, menor necesidad de equipamiento, menos consumo energético y menos inversión en nuevas infraestructuras. Cuando muchas compañías dependen del mismo motor de crecimiento, el riesgo deja de estar concentrado en una empresa y pasa a compartirse entre todo el ecosistema.

En otras palabras, la inteligencia artificial está creando una nueva forma de concentración. No porque todo el valor se genere en unas pocas compañías, sino porque cada vez más sectores dependen del mismo ciclo de inversión.

Nada de esto significa que la revolución de la inteligencia artificial vaya a detenerse. Como ocurrió con la electricidad, Internet o la telefonía móvil, las grandes transformaciones tecnológicas suelen combinar periodos de fuerte crecimiento con fases de ajuste y corrección antes de consolidarse como motores de crecimiento de largo plazo.

Para el inversor, la principal lección es que una cartera puede parecer diversificada por sectores y, sin embargo, estar muy expuesta al mismo motor de crecimiento. Identificar una gran tendencia es importante, pero gestionarla con disciplina lo es aún más. Diversificar, evitar concentraciones excesivas y mantener una adecuada gestión del riesgo siguen siendo las mejores herramientas para invertir en un entorno lleno de oportunidades, pero también de incertidumbre.