Si uno se está informando sobre cómo invertir, es probable que se haya encontrado con un término que, hoy por hoy, se está popularizando enormemente: ETF. Estas siglas significan Exchange Traded Fund y hacen referencia a un tipo de fondo de inversión que se compra y vende en el mercado como si de una acción se tratase.
Eso sí, es importante saber que no todos los ETFs son iguales, es decir, los hay de distintos tipos, con sus características propias, entre los que se encuentran los que se analizan en este artículo: los ETFs de acumulación y los ETFs de distribución.
¿Qué es un ETF de acumulación?
Un ETF de acumulación es aquel en el que cualquier ganancia generada por los activos que lo componen, como los dividendos o los intereses, no se reparten directamente entre los inversores, sino que se reinvierten (el gestor lo hace) en el propio fondo (de manera automática).
Esto hace que el patrimonio total del fondo crezca a lo largo del tiempo y el inversor, como tal, vea crecer el valor de su participación (lo que le hace parte de una estrategia de crecimiento a largo plazo).
¿Cómo funciona un ETF de acumulación?
El funcionamiento del ETF de acumulación consiste en lo siguiente:
Cuando una empresa reparte dividendos, estos dividendos los recibe el fondo y, en lugar de entregarselos al inversor, los añade de nuevo al patrimonio total a través de la compra de nuevas participaciones (del propio fondo).
Esto permite que el capital permanezca invertido de forma continua, de tal manera que, en el futuro, en lugar de obtener rentabilidad solamente sobre el capital inicial, el inversor obtenga también rendimientos sobre los beneficios reinvertidos, lo cual acelera el crecimiento a medida que pasan los años.
Este mecanismo, que se conoce como fórmula del interés compuesto, puede generar una diferencia significativa frente a productos que distribuyen dividendos, especialmente si se mantienen las inversiones durante periodos prolongados.
¿Qué es un ETF de distribución?
Un ETF de distribución es aquel que, a diferencia del de acumulación, tiene la política de repartir periódicamente las ganancias que recibe entre todos sus partícipes (normalmente de forma trimestral, semestral o anual).
En definitiva, este tipo de fondo está más enfocado en generar un flujo de caja regular para el inversor, en lugar de potenciar el crecimiento del capital a largo plazo.
¿Cómo funciona un ETF de distribución?
El funcionamiento del ETF de distribución es mucho más directo y se parece, en gran medida, al de una acción:
Cuando en un fondo se obtienen dividendos, y se anuncia su distribución, el dinero se separa de su patrimonio y se deposita en la cuenta del inversor (algo que sucede de forma automática y en las fechas establecidas por el fondo).
Es importante entender que, cuando el dinero se reparte, el valor de la participación del ETF en el mercado suele ajustarse a la baja por la cantidad que ha distribuido.
Esto significa que no estás obteniendo una ganancia "extra" en ese momento, sino que estás recibiendo una parte del patrimonio del fondo en efectivo.
¿Cuáles son las diferencias entre los ETF de acumulación y de distribución?
Elegir un ETF de acumulación o uno de distribución impacta directamente en la estrategia de inversión que se tenga. Además, puede influir la rentabilidad a largo plazo y, sobre todo, en las obligaciones fiscales que se tienen (en España).
Para verlo de forma más clara, en esta tabla se resumen las principales diferencias entre un ETF de acumulación y uno de distribución:
Factor |
ETF de acumulación |
ETF de distribución |
|---|---|---|
| Factor
Dividendos |
ETF de acumulación
Se reinvierten automáticamente |
ETF de distribución
Se pagan en efectivo al inversor |
| Factor
Objetivo |
ETF de acumulación
Crecimiento del capital a largo plazo |
ETF de distribución
Flujo de ingresos regular |
| Factor
Fiscalidad |
ETF de acumulación
No tributan hasta el momento de la venta |
ETF de distribución
Tributan en cada reparto de dividendos |
| Factor
Efecto |
ETF de acumulación
Permite aprovechar el interés compuesto |
ETF de distribución
Necesita la reinversión manual para el compuesto |
En España, con carácter general, otra de las principales diferencias entre un ETF de acumulación y uno de distribución, además de lo relativo a la reinversión de los dividendos, está en la fiscalidad de cada uno de ellos.
Esa diferencia se encuentra en que los ETFs de acumulación, al no entregarse los dividendos, no se tienen que pagar impuestos por ellos (se tributa cuando se vende el fondo). En cambio, en el ETF de distribución sí que se tienen que tributar los dividendos cada vez que se reciben (como rendimiento de capital mobiliario), pagándose el impuesto correspondiente en el ejercicio fiscal en el que se han recibido.
¿Cuáles son los riesgos con un ETF de acumulación y con uno de distribución?
Los ETFs de acumulación y de distribución no están exentos de riesgos.
El principal es el riesgo de mercado, que consiste en la posibilidad de que el valor del ETF pueda bajar por la volatilidad del mercado (lo que supondría una pérdida de capital).
Es decir, si el índice o sector que sigue el fondo cae, el valor de las participaciones hará lo propio y se podría perder una parte de lo invertido.
Pero no es el único riesgo. En función del subyacente del ETF, pueden existir otros riesgos, como el riesgo de divisa, de contraparte, de liquidez, etc.
¿Cómo saber si es un ETF de acumulación o de distribución?
Identificar si un fondo es un ETF de acumulación o de distribución es sencillo:
Lo principal es buscar la palabra clave o el acrónimo dentro del nombre oficial del fondo o en su documentación legal, conocido como el KIID (Key Investor Information Document).
Estos son los identificadores más comunes para cada tipo de ETF.
Si es un ETF de acumulación
- Acc.
- A o AC.
- La palabra completa 'Accumulation' o 'Acumulación'.
Si es un ETF de distribución
- Dist.
- D o Dis.
- La palabra completa 'Distribution' o 'Distribución'.