Responsabilidad ambiental: ¿hasta qué punto influye el dinero en ella?

La responsabilidad ambiental propone alcanzar puntos de encuentro que permitan desarrollar una actividad económica sin perjudicar al medio ambiente.

Es una realidad: los seres humanos son libres. Aunque siempre existen ciertas limitaciones inevitables relativas, por ejemplo, a cuestiones socioeconómicas, geográficas o incluso temporales, en su día a día las personas gozan de un alto grado de libertad para elegir qué dicen y opinan, adónde van, cómo se comportan y con quién comparten su vida. Lógicamente, esta libertad de actuación también pone sobre la mesa una serie de responsabilidades.

En muchos casos, se trata de una responsabilidad estrictamente individual, que implica tomar conciencia de aquello que se hace, asumiendo las posibles consecuencias posteriores. Pero, en otros contextos, como sucede en la lucha contra el cambio climático, este nivel de responsabilidad sobrepasa los límites personales y atañe a toda la sociedad en su conjunto. Ante un reto de dimensiones globales, ofrecer una respuesta colectiva se vuelve absolutamente imprescindible. 

Si históricamente la actividad económica y el medio ambiente han sido términos contrapuestos, de un tiempo a esta parte la sostenibilidad intenta aunar lo mejor de ambos conceptos, para así producir y fabricar los servicios y bienes que las personas necesitan consumir sin, por eso, impactar negativamente sobre la naturaleza. A este respecto, el compromiso social y colectivo ha de convertirse en un elemento clave a la hora de valorar el impacto ambiental que genera toda actividad comercial. Surge, de este modo, la llamada responsabilidad ambiental, ¿sabes en qué consiste? ¡Sigue leyendo y averígualo!

¿Qué es la responsabilidad ambiental?

La responsabilidad ambiental debe erigirse como un rasgo distintivo de la ciudadanía. Proteger el planeta y garantizar su preservación, no solo pensando en el día de hoy sino también en próximas generaciones, resulta un desafío mundial. Sin duda, el medio ambiente contribuye a hacer viable la habitabilidad de la Tierra, pero el uso y abuso que los seres humanos realizan de los recursos naturales, así como la contaminación desmedida, comprometen la salud del planeta. Y es que las grandes concentraciones de población en pequeños espacios geográficos originan consecuencias devastadoras sobre los ecosistemas, ya que disparan los niveles de emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero, principales culpables del calentamiento global detrás del cambio del clima.

A su vez, estos enormes núcleos poblacionales generan millones de toneladas de residuos, muchos de ellos tóxicos y no biodegradables que, si no son correctamente procesados e introducidos de nuevo al sistema de producción como materia prima reciclada, acaban dañando entornos naturales acuáticos y terrestres. Por supuesto, todas estas prácticas contrarias al medio ambiente ocasionan la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones y sequías, al tiempo que amenazan la biodiversidad, suben el nivel del mar por el deshielo de los polos o destruyen la masa forestal, entre otros ejemplos.

En pocas palabras, la responsabilidad ambiental empieza por adquirir conciencia del tremendo impacto ambiental que las personas causan sobre la naturaleza casi a cada momento. De hecho, cualquier actividad económica conlleva un impacto en el entorno. Pero, de forma contraria a lo que suele creerse, dicho impacto no tiene por qué ser negativo siempre. También puede llevarse a cabo un impacto positivo, que incluso llegue a compensar los daños que hayan podido ocasionarse con anterioridad. 

Para ello, resulta básico adoptar pautas de actuación sostenibles, tanto a escala individual como colectiva. Sobre este punto, las empresas han comenzado a seguir y ejecutar medidas de prevención y mitigación de su impacto medioambiental, y en la actualidad tratan de prever y paliar cómo afectará su actividad a la naturaleza circundante.

Responsabilidad ambiental: ¿tarea individual y colectiva?

Con frecuencia, el problema se resume en intereses enfrentados. Por ejemplo, cuando una compañía intenta maximizar sus ventas sin tener en consideración los riesgos para el medio ambiente, mientras que, por el contrario, un grupo ecologista pide el cierre de la empresa sin reparar en que eso le costaría el puesto de trabajo a un elevado número de personas. En definitiva, intereses enfrentados. Pero la responsabilidad ambiental propone dar un paso más allá y dejar atrás estas discrepancias con el firme objetivo de lograr proteger la riqueza común y que, de esta manera, todos los colectivos involucrados (productores, consumidores, agentes sociales, ambientales, etc.) salgan ganando

Asimismo, si la actividad económica y el medio ambiente son realidades indivisibles, es decir, que lo que le ocurre a una tiene su impacto en la otra, parece claro entonces que ambas perspectivas han de compaginarse y deben alinearse de cara a alcanzar puntos de encuentro donde las distintas partes hallen beneficio. En la urgente cuestión de la protección del planeta, tan necesario es preservar los recursos naturales como permitir que las personas puedan disfrutar de una vida plena.

No obstante, cada persona es susceptible de aportar su granito de arena a favor de la sostenibilidad. A nivel individual, son infinitos los hábitos sostenibles que los seres humanos pueden adoptar. Esta es una lista con varios de ellos: practicar la separación y el reciclaje de basura y otros residuos, reutilizar y arreglar los objetos antes de adquirir nuevos, comprar electrodomésticos con alta eficiencia energética, emplear detergentes biodegradables para el lavado de la ropa, ahorrar agua (por ejemplo, darse una ducha consume menos litros que llenar la bañera), aprovechar las horas de iluminación solar y apagar las lámparas y bombillas cuando no se estén usando, y desplazarse en transporte público o caminando, en bicicleta, patines, formas saludables y más respetuosas con la naturaleza.

BBVA, en defensa del medio ambiente

Fomentar el empleo de energías limpias no únicamente a escala doméstica, sino también a nivel industrial y empresarial, es otra medida indispensable para avanzar con éxito hacia un modelo económico sostenible. BBVA es plenamente consciente de ello. Así pues, a principios de 2020, a través de un acuerdo de energía a largo plazo, entró en funcionamiento el parque eólico de Villamayor de Gállego (en la provincia de Zaragoza), el cual proporciona el 30% de la energía eléctrica que BBVA consume en España. 

Como demuestra su adhesión en 2018 a la iniciativa RE100, el compromiso de BBVA pasa porque antes de 2030 todo el consumo de electricidad (el 70% para el año 2025) que realiza el banco proceda de fuentes de energía renovables. Si deseas descubrir más acerca de las diferentes iniciativas que BBVA desarrolla en defensa del medio ambiente, consulta la información disponible en bbva.es o en la ‘app’ de BBVA.