sostenibilidad

Cómo evitar el aumento de escasez del agua

El aumento de la población mundial, un vertido de residuos tóxicos continuo y la sobreexplotación de embalses y acuíferos son tres de las causas principales que explican la escasez de agua en todo el planeta.
Durante los próximos 30 años, en torno a 5.000 millones de personas sufrirán escasez de agua. Es el pronóstico de un estudio realizado en 2018 por Naciones Unidas para la UNESCO. Detrás de este problema en el acceso a fuentes de agua dulce potable, que afecta a los países más pobres de la Tierra, pero también a las naciones con mayor producto interior bruto (PIB), se encuentran razones como el cambio climático a escala global, infraestructuras hídricas obsoletas o directamente inexistentes, el incremento de la población mundial y, por consiguiente, de la demanda de agua apta para el consumo humano, y la contaminación de las reservas (manantiales, acuíferos, embalses, ríos, etc) de este elemento imprescindible en la vida de cualquier persona.

¿Cuál es la importancia del agua?

A lo largo del presente artículo, se irán desgranando las causas que explican la escasez de agua que hoy en día asola el planeta y cuáles son las consecuencias negativas de un fenómeno de tales magnitudes. No olvides que el agua es el bien indispensable que sustenta la vida en el mundo, ya que hidrata a los seres vivos. 

En concreto, el agua constituye cerca del 70% de la composición del cuerpo humano. También tiene fines tanto domésticos (es básica a la hora de guisar, limpiar y asearse) como industriales, riega los cultivos y explotaciones agrícolas en todos los continentes, supone un indicador de salud pública (cuando hay agua potable en abundancia) y elimina determinadas sustancias contaminantes emitidas a la atmósfera, lo que contribuye a regular y preservar el clima de las distintas regiones del globo terráqueo.

Debido a la gran cantidad de funciones insustituibles que posee el agua, su escasez conlleva un inmenso problema para la humanidad. Es sin duda momento de que la sociedad tome conciencia de la necesidad de ahorrar agua. Y es que solo si comienzas a practicar hábitos de consumo sostenible, podrás ayudar en esta urgente tarea colectiva orientada a lograr que el agua no escasee, y así no se ponga en riesgo la continuidad de la vida.

¿Por qué hay escasez de agua?

Se considera escasez cuando la cantidad de agua dulce de la que se dispone, apta para el consumo por parte de las personas, no resulta suficiente de cara a abastecer a la población de todo el planeta. Desde hace unas décadas, la falta de este recurso natural se ha ido acentuando y, ahora mismo, se ha transformado en uno de los principales problemas a los que intenta hacer frente la comunidad internacional.

Son múltiples las causas que ocasionan la escasez de agua potable y estas son las principales acciones que podemos emprender para evitar que siga aumentando:

  • Luchar contra el cambio climático: las emisiones incesantes a la atmósfera de millones de toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) y el indiscriminado uso y abuso de los recursos naturales, sin potenciar su reutilización ni el reciclaje, son acciones llevadas a cabo por la humanidad que han acabado acelerando el calentamiento global de la Tierra. Este proceso ha elevado las temperaturas de ecosistemas alrededor de todo el planeta, alterando los ciclos biológicos (causando pérdida de biodiversidad) y climáticos. Un primer paso para paliarlo sería reducir el vertido de los mismos mediante la adopción de hábitos que beneficien más al planeta como, por ejemplo, ir al trabajo en bicicleta (si podemos) en lugar de en coche. Reusar los productos, dándoles una segunda vida, en lugar de desecharlos puede ser otro paso que nos ayude a mejorar.
  • Evitar la contaminación de las fuentes de agua: cuando las aguas residuales no se tratan de forma correcta, la actividad humana implica el vertido de ingentes cantidades de desechos en el medio ambiente. Ríos, lagos, embalses y acuíferos se ven obligados a soportar la llegada a sus aguas de residuos voluminosos o diminutos (como sucede con los microplásticos) procedentes de la industria y de la agricultura, pero también del ámbito doméstico. Por ejemplo, especialmente dañinos para la naturaleza son los detergentes de lavadora, debido a que suelen contar con una composición poco o nada biodegradable, y en agua dulce potencian la proliferación de algas, que absorben todo el oxígeno presente en el agua y propician la muerte del resto de especies pobladoras del medio acuático (eutrofización). El uso de productos, manteniendo el ejemplo, como pueden ser los detergentes con etiqueta ‘bio, ayudan a mantener unas aguas más limpias. 
  • Ser conscientes de que a mayor población mayor consumo: el número de habitantes crece sin parar. Los últimos datos de Naciones Unidas (2019) estiman que la población internacional ya alcanza los 7.700 millones de personas. Lógicamente, esto supone que las necesidades de agua dulce por parte de la población también se incrementan.
  • Evitar la sobre explotación de las reservas de agua dulce: no se realiza una gestión adecuada de las reservas de agua potable. Justo al contrario, la extracción de este recurso natural se lleva a cabo a tal velocidad que impide que se renueve el ciclo del agua. Este déficit no hace sino mermar aún más el volumen de agua dulce existente. Hacer, por tanto, un uso y consumo responsable puede tener consecuencias positivas a futuro.
  • Evitar la edificación desmedida: la huida del campo a la ciudad, acentuada durante la última mitad de siglo, genera que a menudo millones de habitantes se concentren y hagan su vida en áreas de pocos kilómetros. Asimismo, como se apuntaba más arriba, la población mundial tampoco deja de crecer en términos demográficos. La suma de estos dos factores estimula la construcción de nuevas viviendas, a veces sin que previamente se hayan habilitado las infraestructuras necesarias para garantizar el suministro de agua potable.
  • Promover hábitos de consumo sostenibles: ahorrar agua jamás ha sido tan decisivo. Sin embargo, millones de personas la malgastan a diario. Cerrar el grifo mientras te enjabonas o cepillas los dientes y ducharte en vez de tomar un baño se han convertido en pequeños gestos cotidianos de inmenso valor para la salvaguarda del medio ambiente. Resulta crucial que la sociedad adopte desde ya hábitos de consumo sostenible respecto a la utilización del agua dulce (apenas alcanza el 2,5% de las reservas mundiales de agua). Por tanto, no pongas la lavadora ni el lavavajillas si no está al completo la carga de lavado y recurre a programas ‘eco’ de corta duración.
  • Evitar la distribución irregular: por desgracia, las masas de agua dulce no se hallan repartidas a lo largo del mundo en función de criterios de igualdad. A causa de ello, existen áreas geográficas que, por su propia localización, presentan de manera intrínseca déficit de agua potable. Ayudar a estas zonas con la dotación de este elemento, vital para el ser humano, es una tarea fundamental tanto en el presente como de cara al futuro.

¿Qué consecuencias produce la escasez de agua?

Cada una de las causas del apartado anterior complica que las reservas de agua dulce de la Tierra se renueven a un ritmo lo bastante rápido como para que la humanidad pueda ver satisfechas sus necesidades hídricas. Esto tiene unas consecuencias en el día a día de las personas:

  • La falta de agua dulce puede desencadenar disputas entre naciones y somete a la población a situaciones de estrés hídrico en las que resulta difícil blindar el acceso de todas las personas al agua potable.
  • Precisamente, debido a la escasez de agua, surgen problemas de abastecimiento y el caudal de agua que llega a los hogares no es el suficiente ni tiene la calidad exigible.
  • Consumir agua que no cumple con los estándares de calidad debilita las defensas del organismo, produce riesgos sobre la salud de la población y, por supuesto, desencadena la aparición de enfermedades para las personas; en múltiples ocasiones, estas dolencias son de naturaleza infecciosa, porque en las aguas estancadas se multiplica la presencia de insectos y roedores.
  • Cuando las plantas y los animales no consiguen cubrir sus necesidades de agua, lamentablemente fallecen. Así pues, la escasez de agua a menudo se traduce en extinción de especies y, por ende, en pérdida de biodiversidad dentro de los ecosistemas.