Los amigos del crecimiento en 2021: los estímulos fiscales y monetarios.

Es bien sabido que, durante las recesiones económicas, las autoridades políticas y monetarias suelen implementar medidas expansivas para compensar la caída de la demanda agregada y mitigar sus efectos sobre el PIB. Por otra parte, es consenso entre los analistas que el retraso por parte de las autoridades en tomar medidas contundentes en la Gran Recesión Financiera de 2009, contribuyó decisivamente a agravar la crisis económica derivada del colapso del sector financiero.

Estímulos fiscales y monetarios: ¿qué papel cumplen cada uno de ellos?

Por este motivo, en 2020, los políticos y los bancos centrales no quisieron repetir los errores del pasado y durante la crisis sanitaria global se desplegó una extraordinaria batería de estímulos fiscales y monetarios. En este punto, puede ser útil hacer la distinción entre ambos tipos de medidas. De una parte, una política fiscal expansiva implica un aumento del gasto público, para evitar las caídas de la demanda agregada del sector privado, que se vio muy afectada por el frenazo de la actividad derivado de los confinamientos durante la primera ola de COVID-19. Estos estímulos fiscales se dirigieron básicamente a dar soporte a los rincones más vulnerables de la economía, mediante transferencias directas a los agentes económicos y, por otra parte, a garantizar la solvencia de aquellas empresas viables, que se vieron en la obligación de suspender temporalmente su actividad, mediante garantías y avales. No obstante, dichos estímulos fiscales también se aplicaron (no en todos los países) al campo de las infraestructuras públicas o en impulsar bajadas impositivas (tanto de impuestos directos como de IVA), para ayudar a mantener los niveles de consumo privado. El coste de estos esfuerzos se ha reflejado con claridad en un mayor nivel de endeudamiento público y en el deterioro de las balanzas fiscales de los distintos países.

Distintos estudios apuntan a que el esfuerzo, en materia de estímulos fiscales, realizado ha sido muy relevante, aunque desigual, ya que la situación fiscal de partida ha tenido un efecto decisivo. De esta forma, el estímulo fiscal alemán en 2020 ha superado el 8%, mientras que en los países de la periferia ha sido mucho más modesto. En Estados Unidos, el impulso fiscal ha sido descomunal, muy superior al desplegado en el Viejo Continente.

En cuanto al estímulo monetario, se ha materializado en forma de bajadas agresivas de tipos de interés oficiales, para facilitar el acceso al crédito y en grandes programas de compras de activos financieros, tanto públicos como privados, para mantener extraordinariamente laxas las condiciones de crédito y frenar de raíz posibles crisis financieras que hubieran agravado mucho el panorama pandémico. De esta forma, sin ánimo de ser exhaustivos, la Reserva Federal bajó 150 puntos básicos sus tipos de interés, mientras que se empezó a comprar sin límite deuda pública. Se redujo el coste de los préstamos de emergencia; se extendió el vencimiento de las operaciones cambiarias; se ampliaron las líneas de “swap” de dólares a más bancos centrales; se ofreció una facilidad de recompra temporal de deuda estadounidense para las autoridades monetarias internacionales y se introdujeron infinidad de medidas para respaldar el flujo de crédito a la economía. Del mismo modo, estas políticas han coincidido con el cambio de estrategia de la política monetaria de la Fed con respecto a la inflación.

El BCE, por su parte, anunció un aumento de 120.000 millones de euros en sus programas de compra de bonos y un programa especial de compras por emergencia pandémica (PEPP) por importe inicial de 750.000 millones de euros, ampliado más tarde hasta un total de 1,85 billones de euros. Asimismo, amplió y mejoró las subastas de liquidez al sector financiero (TLTRO III) e introdujo nuevos instrumentos de liquidez a más largo plazo (PELTRO). Por otra parte, relajó los requerimientos de calidad crediticia a los colaterales aceptados en las operaciones del Eurosistema.

En definitiva, estamos hablando de una cantidad de estímulo fiscal y monetario inaudita, que ha permitido evitar una catástrofe económica sin precedentes. Para más información sobre los estímulos implementados en cada país, no dejen de visitar la imprescindible página del Fondo Monetario Internacional.

¿Seguirán activos estos estímulos económicos en 2021?

¿Y qué podemos decir del año 2021? Pues que seguiremos teniendo garantizado el estímulo fiscal y monetario suficiente para reforzar la recuperación económica mundial que esperamos. En primer lugar, es necesario indicar que, en contra de lo que sucedió en 2009, la austeridad fiscal no va a ser inminente y saldremos de la crisis sanitaria con compromisos nítidos para acometer reformas estructurales en las economías, pero sin presiones inmediatas para normalizar las balanzas fiscales, ya que todos los países del mundo sin apenas excepciones, van a acarrear importantes déficits públicos. 

Por otra parte, muchas medidas anunciadas en 2020 tendrán un impacto que durará varios ejercicios. Por ejemplo, parte del estímulo monetario alemán incluye inversiones verdes a largo plazo con un impacto presupuestario que irá mucho más allá de 2021. Asimismo, sólo se ha utilizado una fracción de la gran cantidad de garantías y avales del Estado que han sido anunciadas en cada país. Del mismo modo, en Europa se empezará a desplegar el estímulo fiscal Next Generation EU que, según anuncia la propia Comisión Europea, será el mayor paquete de estímulo jamás financiado a través del presupuesto de la UE, alcanzando conjuntamente un total de 1,8 billones de euros. Este plan de reconstrucción tendrá un impacto sin precedentes en el PIB de los países europeos, no sólo en 2021, sino en años sucesivos.

En Estados Unidos, por su parte, la nueva administración Biden está preparando un nuevo paquete de estímulos fiscales y monetarios de 1,9 billones de dólares, que de ver la luz, impulsará el crecimiento del país de forma significativa en 2021.

Y en cuanto a los bancos centrales, tampoco esperamos cambios relevantes en su discurso. El esfuerzo ha sido de tal magnitud, que las autoridades monetarias mantendrán su rumbo actual hasta que la recuperación económica global sea un hecho y que existan evidencias de que ya no son necesarias las medidas monetarias extraordinarias. Mientras tanto, seguirán manteniendo unas condiciones financieras muy acomodaticias, que se extenderán muy probablemente por un periodo de tiempo muy prolongado.

Con todo, en 2021 no nos van a faltar estímulos económicos para apuntalar la recuperación económica y nuestra expectativa es que vamos a un periodo de varios años de sólido crecimiento económico, que nos llevará a recuperar, en algunos países antes y en otros después, la totalidad de las pérdidas de 2020, con una magnífica oportunidad para reconstruir un tejido económico más sólido, resistente y sostenible. 

Álvaro Manteca - Banca Privada de BBVA Análisis de mercados y estrategia

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