Análisis de la actualidad de los mercados

La campaña de resultados empresariales permite un rebote técnico bursátil semanal
Álvaro Manteca, responsable de estrategia de inversión de BBVA Banca Privada.

25/10/2022

En un mundo donde la inflación ha vuelto a niveles que no se alcanzaban desde la década de 1970 y principios de la de 1980 y donde las tensiones geopolíticas siguen aumentando, parece poco realista esperar cambios repentinos en las políticas o acuerdos internacionales que puedan brindar alivio. Por lo tanto, existe un creciente consenso de que la economía global podría estancarse en 2023, ya que a las probables recesiones en Europa y Estados Unidos, habría que unir una débil recuperación del crecimiento en China. Del mismo modo, la menor demanda de los países desarrollados y la gran presión que ejerce el dólar en las condiciones financieras de los países emergentes, hacen poco probable que puedan tomar el testigo al frente del crecimiento económico mundial.

Con todo, el FMI dibujó un escenario en el que el crecimiento del PIB mundial se situaría en el 2,7 % en 2023, dos décimas por debajo de su anterior estimación. La previsión de BBVA Research es más sombría y estima un 2,4 % de crecimiento en el PIB mundial. No obstante, el escenario de riesgo del FMI, al que otorga una probabilidad no desdeñable del 25 %, muestra un crecimiento global de solo el 1,1 %.

Dicho esto, estos escenarios pesimistas para 2023 contrastan con los datos de actividad real actuales, que se han mantenido relativamente sólidos. Los índices de sorpresas económicas  confirman que, en general, los datos han mejorado en los últimos meses en comparación con las expectativas y, en las últimas semanas, han regresado a territorio positivo tanto en Europa como en Estados Unidos. La solidez del mercado laboral a ambos lados del Atlántico tiene buena parte de responsabilidad.

Al mismo tiempo, las ganancias también mantienen su fortaleza. Ya han publicado sus resultados trimestrales 99 de las 500 empresas que forman parte del índice S&P 500 y casi el 73 % de estas empresas han superado las estimaciones del consenso (la proporción fue del 75 % en el segundo trimestre). En Europa, solo unas pocas empresas importantes han publicado sus informes trimestrales, pero nada menos que el 82 % de las mismas han superado las expectativas.

Por desgracia, los sólidos datos económicos y de beneficios no necesariamente reducen los riesgos de las próximas recesiones. Por el contrario, la resistente demanda y la fortaleza de los mercados laborales, provocarán una mayor determinación de los bancos centrales. El aumento de los rendimientos de la deuda durante la última semana parece confirmarlo. De hecho, en las reuniones anuales del FMI, se reveló una creciente preocupación de que los principales bancos centrales, centrados en la inflación actual y en los indicadores del mercado laboral, pudieran endurecer demasiado la política en los próximos meses, exacerbando el deterioro esperado en la producción y el empleo. En Europa, advirtió el FMI, los paquetes de apoyo fiscal corren el riesgo de no estar lo suficientemente focalizados, subsidiando la energía de forma generalizada, en lugar de limitarse a ayudar a los grupos más vulnerables. Esto limitaría los ahorros de energía y aumentaría la demanda, lo que a su vez haría más probables los efectos inflacionarios de segunda ronda.

En cuanto al Congreso del Partido de China, que no señalizó cambios relevantes en sus políticas. En cuanto a la pandemia de COVID, no parece que vayan a producirse cambios relevantes respecto de la política de tolerancia cero. Respecto a los objetivos de crecimiento, se siguió enfatizando la prioridad del gobierno por impulsar el desarrollo. Mantener este eslogan sugiere que los principales líderes continuarán apuntando a un crecimiento razonable, por lo que dada la situación macroeconómica global, la crisis energética y las tensiones geopolíticas, la idea de duplicar el PIB y el ingreso per cápita para 2035 irá perdiendo fuerza progresivamente. En cuanto al objetivo de prosperidad común, el presidente Xi destacó los continuos esfuerzos para reducir la brecha de ingresos y expandir la clase media. Por último, el informe del partido enfatizó la autosuficiencia tecnológica y el enfoque doméstico para mejorar la resistencia de la economía.

Terminamos con la crisis política en Reino Unido, tras la dimisión de la primera ministra Liz Truss. El partido conservador ahora debe designar un sucesor, que podría conocerse a finales de la semana que comienza. El ex ministro de hacienda Rishi Sunak parece ser el máximo favorito para la designación, aunque seguido muy de cerca por el ex primer ministro Boris Johnson. El mercado continúa muy enfocado en el presupuesto que se anunciará el 31 de octubre y por la reunión del Banco de Inglaterra en la misma semana. En este sentido, la reversión de gran parte del paquete de estímulo fiscal anunciado previamente, debería permitir al BoE una reacción más equilibrada. Así, el consenso va poco a poco descontando una subida de 75 puntos básicos, frente a los 100 que se esperaban la semana pasada.

En el plano estrictamente bursátil, A pesar del pesimismo sobre la actuación de los bancos centrales y las presiones inflacionistas, la semana resultó ser positiva para los mercados de renta variable mundiales. En Estados Unidos, las bolsas experimentaron su mayor repunte en cuatro meses, sobre todo por la vuelta del mercado en la sesión del viernes, que arrancó con debilidad, para terminar cerrando en los máximos de la jornada, recuperando casi un 3% desde los mínimos de la apertura. La volatilidad, en cualquier caso, sigue siendo extrema y los movimientos intradiarios que se han producido durante los últimos días han sido muy significativos. Los resultados empresariales y algunas señales técnicas, sirvieron de impulso para el mercado en la primera parte de la semana, aunque el continuo repunte en las rentabilidades de la deuda frenó el optimismo inversor en la parte final de la misma.

En todo caso, la semana bursátil estadounidense revela el hecho de que los inversores son conscientes de que nos acercamos a un momento del año en el que los mercados suelen registrar ganancias. Además, la tendencia podría ser más fuerte en 2022, ya que se acercan las elecciones de mitad de legislatura al otro lado del Atlántico, que históricamente han aliviado las incertidumbres. Así, una encuesta realizada a gestores de fondos la semana pasada, reveló que se está recuperando la exposición a los mercados de renta variable desde niveles extraordinariamente deprimidos, lo que permitió que los mercados bursátiles pudieran hacer frente a la subida de las rentabilidades de la deuda, recuperando la tradicional correlación negativa entre ambas clases de activo. De hecho, el índice S&P 500 subió un 4,75 % en cinco días, mientras que los rendimientos de los bonos soberanos a 10 años repuntaron alrededor de 20 puntos básicos, alcanzando el nivel más alto desde 2008. Tal avance de las bolsas en este contexto de hundimiento de los precios de los bonos, no había sucedido desde junio de 2020. En adelante, este posicionamiento tan bajo en activos de renta variable podría ofrecer un soporte a los mercados, conforme nos acercamos a la parte final del año, estacionalmente propicia para las bolsas. En este sentido, el riesgo para los gestores de fondos, en este momento, es que los mercados suban y les sorprendan con un posicionamiento extremadamente bajo en acciones. La historia no está del lado de los bajistas en cuanto al desempeño bursátil de fin de año, particularmente cuando se llevaron a cabo las elecciones de mitad de legislatura. Desde 1942, los últimos dos meses del ejercicio nos han dejado subidas en el 75 % de las ocasiones, pero la subida media en los años electorales de mitad de legislatura han sido especialmente positivos, con un repunte medio del 6 %. Por supuesto, habida cuenta de la magnitud del movimiento, todos los sectores económicos registraron subidas en la semana bursátil estadounidense, aunque fueron especialmente intensos en las empresas petrolíferas, tecnológicas y de materias primas. Por el contrario, sectores defensivos como el sanitario, de consumo estable y eléctrico, se situaron en la parte baja del ranking sectorial. El sesgo por estilo de inversión favoreció claramente al “growth” frente al “value”.

En Europa, las subidas semanales fueron de menor magnitud que las registradas en Estados Unidos. Se rompe así una racha de cinco semanas consecutivas en las que los mercados europeos superaron el rendimiento registrado por los estadounidenses. No obstante, desde el cierre europeo el viernes, las bolsas norteamericanas subieron un 1,5 % adicional. El repunte semanal de las acciones tecnológicas fue muy relevante, superior al 7 %, gracias sobre todo a los buenos resultados publicados por la empresa ASML. Por el contrario, el sector de telecomunicaciones sufrió caídas semanales cercanas al -3 %.

En síntesis, en los próximos días, todas las miradas estarán puestas en dos bancos centrales situados ante mayores dilemas que los que afronta la Reserva Federal. De una parte, el BCE tiene que lidiar con una inflación más alta que la existente al otro lado del Atlántico y que además es creciente, impulsada por un choque energético exógeno. Al mismo tiempo, se enfrenta a unos riesgos recesivos en la eurozona muy relevantes, que son sustancialmente superiores a los de la economía estadounidense. Por otra parte, el Banco de Japón estima una inflación por encima de su objetivo del 2 %, pero sigue pensando que los precios caerán muy por debajo de estos niveles en los próximos años, ya que el IPC está impulsado por la energía y la debilidad del yen, mientras que las presiones salariales son inexistentes. No obstante, la velocidad y la magnitud de la depreciación de la divisa japonesa, también plantean preocupaciones sobre la estabilidad financiera del país. Mientras tanto, los funcionarios de la Fed han convencido a los mercados de que se siguen tomando muy en serio su objetivo de llevar los tipos de interés rápidamente a territorio restrictivo y los futuros están cotizando en estos momentos una tasa máxima del 5%, en medio de una gran incertidumbre respecto de los futuros movimientos de política de la institución. En este sentido, la Reserva Federal sigue haciendo depender sus decisiones de los datos macroeconómicos que se vayan publicando que, de momento, no han presentado una evidencia convincente de moderación en la actividad económica.

Durante la semana que comienza, tendremos multitud de referencias macroeconómicas a ambos lados del Atlántico, que podrían aportar mayor claridad respecto del escenario global al que nos enfrentaremos en los próximos meses. Los PMI preliminares y los precios de octubre en Europa, compartirán protagonismo con los datos de ingresos y gastos personales en Estados Unidos y una campaña de presentación de resultados que de momento está sirviendo de soporte a los mercados de renta variable. Gigantes tecnológicos como Microsoft, Meta Platforms (antigua Facebook) o Alphabet, presentarán sus resultados trimestrales durante los próximos días.

En cuanto a nuestro posicionamiento, la novedad más importante ha sido el cambio que hemos efectuado en renta fija soberana, que ha pasado de infraponderada a neutral. La decisión se fundamenta en que consideramos que los niveles actuales de tipos de interés son atractivos tanto a medio como a largo plazo, por lo que pensamos que ya no tiene sentido seguir manteniendo un posicionamiento de tanta cautela. Consideramos, además, que el entorno macroeconómico que nos espera en 2023 será mucho más propicio para esta clase de activo, que tiene margen para recuperar buena parte de la debilidad que hemos visto en 2022. No parece aconsejable, de momento, tomar la misma decisión en los mercados de renta variable, que todavía se tienen que enfrentar a unos menores beneficios empresariales, consecuencia del estancamiento económico que esperamos en 2023. Del mismo modo, el escenario de riesgos continúa siendo tremendamente complejo a corto plazo, lo que justifica de momento el mantenimiento de la infraponderación actual. No obstante, seguimos insistiendo en que también están aumentando las rentabilidades esperadas de la renta variable en un escenario de largo plazo, por lo que los niveles de precios actuales constituyen un buen punto de entrada para aquellos inversores que se estén planteando construir una cartera para los próximos años.