Evolución de los mercados financieros en 2020

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Resumen de la evolución de los mercados

Por Enrique Marazuela.

  • 2020 parte de una base mejor que 2019, pues ha finalizado la desaceleración económica, los riesgos globales han excluido los escenarios más drásticos y habrá estabilidad monetaria en niveles muy laxos.
  • Reiteramos la importancia de la diversificación. Recomendamos a nuestros clientes tener todas las clases de activos, en las proporciones que sean congruentes con su perfil de riesgo y sus metas y objetivos.
  • Estamos infraponderados en deuda pública europea, central y periférica, neutrales en bonos corporativos y estamos sobreponderados en bonos emergentes, especialmente los denominados en moneda local y los de emisores asiáticos. Somos constructivos en renta variable.
  • La sostenibilidad es mucho más que una moda para las compañías que tienen esa etiqueta, es una tendencia que ha venido para quedarse y que afectará a todas las clases de activos y a todas las compañías. 

Puede parecer una paradoja pero 2019, que finalmente fue un año fantástico para todas las clases de activos financieros, partía con perspectivas muy débiles: descalabro de los mercados financieros en el último tramo de 2018, desaceleración persistente del crecimiento, iniciada a finales de 2017, amenaza de nuevas subidas de tipos por parte de la Fed, tensiones globales entre China y Estados Unidos, brexit, etc.

Así, y siendo 2019 un año que ha ido mejorando paulatinamente, creemos que el catalizador principal ha sido el cambio de signo en la política monetaria, especialmente llamativo en la Fed. También han sido de especial relevancia tanto la reducción de las tensiones entre China y EE.UU como el brexit, ambos producidos en el último trimestre del pasado año. 

2020 parte con buenos augurios en la evolución de los mercados financieros: 

  • La desaceleración parece haber tocado suelo y ahora hablamos de la estabilización en el crecimiento.
  • La inflación seguirá sin ser protagonista y permitirá a los bancos centrales continuar en su zona de confort. 
  • El precio del petróleo no será una amenaza para la inflación, a pesar de los conflictos geopolíticos puntuales. Sí hemos de estar pendientes de las perspectivas de la producción norteamericana, que ha permitido una oferta abundante en los últimos años. 
  • Habrá continuidad en las políticas monetarias, que mantendrán el tono laxo que tienen actualmente. 
  • Los principales riesgos de 2019, como son las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos y el brexit (los cuales se moderaron en la última parte del año pasado), seguirán presentes en 2020 aunque excluyendo desenlaces extremos.
  • En 2020, las elecciones presidenciales de Estados Unidos irán tomando protagonismo, siendo un riesgo adicional a los ya mencionados en el punto anterior. 

Estas son buenas noticias para los mercados de activos de riesgo. Sin embargo, no podemos lanzar las campanas al vuelo en este 2020 dado que las importantes subidas de las cotizaciones el pasado año han dejado la valoración en niveles muy exigentes. 

Antes de analizar las distintas clases de activos financieros, queremos recordar algo que debe ser una constante en su cartera: la diversificación. Es bueno invertir en todas y cada una de las clases de activos financieros, en la proporción que sea compatible con su perfil de riesgo y con sus metas y objetivos.

 

 

Creemos que esta valoración es excesiva en la renta fija gubernamental europea, tanto la de países centrales como la de la periferia. Esto se debe a los bajos rendimientos de los bonos de deuda pública, que en muchos casos son incluso negativos. La estabilidad monetaria, con el tono actual tan laxo, evitará descalabros en los precios de la deuda, pero no descartamos una mayor pendiente en las curvas (subidas de las rentabilidades de los bonos con vencimiento más largo y estabilidad en las de los bonos más cortos).

En caso de tener sorpresas positivas en la recuperación, tanto del crecimiento económico como de la inflación, lo que sería un escenario probable si los gobiernos aplicarán una política fiscal expansiva para reactivar la recuperación, veríamos mayores pendientes.

En  los bonos corporativos, está mucho más equilibrado el binomio de rentabilidad esperada ajustada al riesgo, pero no lo suficiente como para que resulten atractivos. El diferencial de rentabilidades, que es la medida que utilizamos para medir la valoración, está en la zona baja de su rango de oscilación de la última década, es decir, están más caros que baratos. Pese a que puedan aparecer sorpresas de crecimiento unidas a la estabilidad monetaria, que son buenas noticias para esta clase de activo, no pensamos en nuevos estrechamientos del mencionado diferencial, precisamente por sus bajos niveles actuales.

Por lo tanto, mantenemos nuestra neutralidad, siendo esta una recomendación común para todos los bonos corporativos, tanto si son de mayor calidad crediticia (los Investment Grade) como si son de alto rendimiento (los High Yield).

Nuestra apuesta por los bonos emergentes continúa, pese a las importantes subidas que sus precios registraron en 2019, sobre la base de un contexto  que sigue siendo favorable por las mejores expectativas de crecimiento económico mundial, la continuidad de la política monetaria de la Fed y un dólar estable. Preferimos los bonos emergentes en moneda local, pese a que tengan más riesgo que los denominados en monedas fuertes, siendo Asia nuestra área favorita. 

No pensamos que el dólar se vaya a revalorizar en 2020.

Somos constructivos en renta variable. Todas las subidas producidas en 2019 se explican por un aumento de la valoración, ya que el beneficio de las empresas ha permanecido básicamente plano. El fin de la desaceleración y la estabilidad monetaria son buenas noticias para las acciones, aunque ya están descontadas en las cotizaciones. Para que estas continúen su ascenso es necesario que veamos un incremento de los beneficios, los cuales estarán muy ligados a las ventas ya que los márgenes están tan elevados que vemos difícil que se expandan. Por regiones, vemos la ventaja en Europa por su tono más cíclico.

La sostenibilidad tiene una importancia clave en las inversiones, sobre todo para prevenir riesgos; pensemos que una compañía con una actividad que no es sostenible se enfrenta unas severas incertidumbres, pudiendo suceder que:

  • Sus clientes, cada vez más sensibilizados con este tema, la abandonen.

  • Las autoridades puedan regular su actividad o, incluso, prohibirla. También pueden optar por gravarla con impuestos, siendo esta una vía de reparación de los impactos sociales y medioambientales que acarrean.

Pese a que ha surgido una moda con la sostenibilidad en las compañías a las que se asigna esta etiqueta, pensamos que va mucho más allá. Es una tendencia estructural.

No nos equivoquemos, además es una tendencia que ha venido para quedarse y que actuará transversalmente afectando a todas las clases de activos, a todas las compañías y a todas las actividades. Pensamos que la sostenibilidad se incorporará como un aspecto ineludible de cualquier análisis de inversiones. La sostenibilidad, además de mitigar riesgos, es rentable.

 

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