Los museos en la era de Instagram

Que Instagram ha cambiado nuestra manera de relacionarnos con el arte es algo más que evidente. Diferentes artistas muestran sus trabajos a través de la red social, donde tienen una relación directa con sus seguidores. Esto les ha permitido a muchos de ellos vender sus obras a través de la red a precios que ya les gustaría a algunos galeristas. Si es un cambio positivo o negativo, si es arte o no, ya lo dejo a tu criterio. Pero más allá de los detractores que puedan surgir tras estos argumentos, (que siempre hay), uno no puede más que rendirse a las evidencias.

Lo que está claro es que a los jóvenes cada vez les cuesta más pisar los museos (hablo a nivel general, no se me enfaden) y, al mismo tiempo, se sienten más cercanos a la red social. Con estos datos, la ecuación está clara: museos + Instagram = un acercamiento amistoso. Hacia dónde evolucionará esta amalgama seguro que nos sorprenderá. A ti, a mí, a todos.

Una solución muy utilizada por los museos a día de hoy es acercar el arte a Instagram. Es decir, que los museos ganen peso en las redes. El ejemplo más claro, el Thyssen: en abril convocó un concurso para jóvenes de entre 18 y 30 años (¿está claro el nicho que quieren atacar?) para que realicen versiones de sus cuadros de la colección permanente y las suban a Instagram. Además de premios bastante suculentos: repartirán más de 8.000 euros. Un dato más: el jurado está compuesto por artistas influencers de IG: Ricardo Cavolo, Lara Lars y Miranda Makaroff. Esto es un simple ejemplo de todas las propuestas que se han realizado.

Una nueva forma de entender los museos

“¡Momento selfie!”, “Esto se merece como mínimo un stories”, son frases a las que estamos más que acostumbrados a escuchar en nuestro día a día. Este tirón es el que han utilizado muchos museos que se salen de lo convencional para hacerse un hueco entre el público joven. Tanto es así que muchos han roto con el concepto clásico de museo y lo han virado hacia pop-ups, es decir, colecciones con fecha de caducidad en centros de arte o en los propios museos.

Así, en 2016 se creó el pop-up Museo del Helado, más ‘instagrameable’ que una playa paradisiaca. Actualmente se encuentra en San Francisco, pero ha pasado por ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Miami. En colores pastel y con el rosa como protagonista, se trata de un espacio creado para despertar los cinco sentidos; el asistente, además de cuadros y esculturas relacionadas con los helados, también puede probar, tocar, oler. Otro ejemplo es Color Factory, una exhibición dedicada a los colores donde todos los sentidos tienen un papel principal para poder sumergirte en ella. En definitiva, se trata de espacios que no están diseñados para mostrar arte clásico, sino para exponer objetos y situaciones con las que lucir en nuestro IG.

Tras leer esto uno se hace una pregunta: ¿Ha llegado el fin del arte como lo conocíamos hasta ahora? O, por el contrario, ¿se han abierto nuevas formas de entenderlo? Lanzo estas preguntas al aire para reflexionar. Un poquito solo. Tampoco busco una tesis.

Andy Warhol y su propuesta del pop-art fueron muy criticados en su época porque desmontaron el prototipo de artista y, por lo tanto, del arte. Lo que nadie cuestiona a día de hoy, más de 30 años después su muerte, es que sigue siendo uno de los creadores más carismáticos e influyentes de la historia que supo romper con los esquemas artísticos de su tiempo. ¿Al igual que Warhol, está Instagram abriendo una nueva forma de entender el arte?